Anguita vuelve a la pinza

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Anguita vuelve a la pinza.

Es conocida la querencia de Julio Anguita por la estrategia de «la pinza», consistente en atenazar a un partido entre las fauces abiertas de sus dos rivales políticos. La practicó eficazmente contra Felipe González junto a José María Aznar, cuando estaba al frente de Izquierda Unida, en la legislatura que fue del 93 al 96. Ahora el veterano comunista regresa a la vida pública para repetir la jugada contra las mismas siglas de entonces, a pesar de que el PSOE de Pedro Sánchez no gobierna, como el de González, sino que purga en la oposición sus graves equivocaciones.

Algo muy hondo debe de inspirar el resquemor del Califa cuando regresa de un pasado honroso sin otro propósito que el de alentar un proyecto devastador para la formación del puño y la rosa, incluso a costa de destruir la que fue su propia casa. Algo imperdonable, propio del ámbito de la emoción y ajeno al campo de la ideología. Porque poco hay de ideológico en ese engendro bautizado como «Unidos Podemos», nacido de la absorción de IU por la formación de los círculos, salvo la coincidencia de sus parteras en denostar la libertad. Poca ideología y desde luego ninguna renovación, innovación, «gobierno de la gente» o «nueva política». Ni una brizna del «espíritu» presuntamente nacido hace cinco años en la acampada de la Puerta del Sol, si hemos de creer que aquello supuso un cambio significativo respecto de lo que habían sido las manifestaciones y protestas de siempre, promovidas en esa ocasión con mucha más habilidad por una izquierda entrenada en las tácticas del populismo, sumamente eficaces en el arte de manipular a las masas.

Fuese lo que fuera lo sucedido aquel 15-M y sean lo que sean sus hijos, la criatura parida ahora por Alberto Garzón y Pablo Iglesias, con la inestimable colaboración de Anguita, nada tiene que ver con ideales o principios. Es el fruto de un cálculo propio del más rancio partidismo. Un simple recuento de escaños con la ley D´Hont en una mano y el mapa provincial de España en la otra, a ver quién se lleva los restos y quién obtiene un escaño. No en vano la mayor discusión previa al alumbramiento ha girado en torno a las listas. Aquí no se trata de «cambios» o revoluciones, sino de colocar amigos. Y es evidente que Iglesias ha logrado imponer a los suyos. No deja de tener gracia, a este respecto, que el veterano celestino cordobés saliera en defensa del ex JEME, Julio Rodríguez, número uno por Almería, alegando que también Hugo Chávez fue un destacado militar. Olvidó don Julio precisar «golpista».

Unidos Podemos no pretende expulsar de la Moncloa al PP, como jura y perjura Iglesias, poniendo a Sánchez el señuelo de las candidaturas conjuntas al Senado, a fin de atraerle a su trampa. Su objetivo no es Mariano Rajoy, cuya permanencia temporal en el poder constituye para él una necesidad, sino el PSOE. El caudillo populista aspira a controlar en exclusiva el territorio de la izquierda y, de momento, ya ha logrado tragarse a IU. El próximo asalto será contra la fortaleza de ferraz, donde un líder débil, sin apoyos sólidos, víctima del legado envenenado que dejó tras de sí Zapatero, tratará de resistir como pueda la embestida. Algunos miembros de la «vieja guardia», así como destacados barones, huelen la añagaza y advierten del grave peligro. Tras las elecciones del 26-J el Partido Socialista va a estar metido de lleno en la tenaza formada por el PP a su derecha y el grupo de Iglesias a su izquierda, teniendo que decidir por cuál de esas dos muertes opta: Abrazarse al oso podemita o abstenerse en la investidura de un presidente popular y dejar en exclusiva el protagonismo de la oposición al líder de la coleta. Una alternativa diabólica.

Isabel San Sebastián ( ABC )

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