Añoranza de las buenas formas

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Añoranza de las buenas formas

No hay cómo retirarse de la política activa para recuperar el sentido común,las buenas formas e incluso la dignidad perdida en el ejercicio de la lucha partidista, porque, cuando se está en la pelea irracional por el poder, se aparcan las ideas, se suspenden las convicciones y se enmienda hasta la propia conciencia.

Esta frase es mía, pero me la ha inspirado un viejo socialista que es invitado, de vez en cuando a 13 televisión para ser escuchado por unos contertulios que, aparcan su manía de no dejar hablar al contrario y, toman nota de sus reflexiones.

Estoy hablando de Josė Luis Corcuera, un hombre con un sentido patriótico del que carecen , o creen que no pueden permitirse, algunos de los que dan prioridad al juego sucio, al todo vale y al oportunismo del instante, porque tienen la urgencia de tocar poder.

Corcuera , al que conocí hace veinte siete años, era un espectáculo como parlamentario porque, cuando subía a la tribuna del Congreso de los Diputados a fajarse con los que, desde la derecha, le criticaban sin piedad y le ponían a parir, tiraba de sentido común, ironía, de convicciones y de pasión para desarmar a quienes querían hacer lo mismo con él, sin conseguirlo.

No es que el Partamento de entonces fuese Versalles , porque en aquellos escaños se sentaban algunos significados impresentables en ambas bancadas, pero por lo general había un cierto nivel, el juego sucio era excepcional y se sabia quién era buena o mala persona, pero sobre todo quién tenía sentido de Estado y quién no.

Hoy vivimos en el marxismo de Groucho Marx, en el que los principios son un slogan, y la desnaturalización del mensaje hace que valga todo.

Como dice José Luis Corcuera, cuando se escucha hablar a algunos políticos, ” no hay nada entre pan y pan”, no porque no tengan ideas sino porque las han sustituido por frases huecas y carecen de convicciones.

Hoy se ha convertido en un programa de partido no pactar jamás un asunto de Estado en momentos en los que el bien común exigiría un cierto consenso, y se exhibe como mérito político introducir matices diferenciadores, incluso cuando se habla de la Unidad de España.

Negar lo evidente no es políticamente rentable, pero los nuevos políticos que parecen viejos a pesar de su aparente juventud, creen que les perjudica hablar bien de España cuando quien la gobierna es el rival .

La conclusión que se me ocurre a estas reflexiones es que, en política, es fundamental ser una buena persona, y de ” eso” en la actualidad no nos queda mucho entre algunos de los nuevos que pretenden dirigir este país.

Diego Armario

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