Apoteosis del vacío

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Apoteosis del vacío.

Todos saben que tenemos entre las manos un estado simplemente inviable. Ninguno lo confesará, no vaya a ser que el enunciado de los problemas objetivos invalide sus demagógicas soluciones.

Pedro Sánchez envaró el torso, recolocó los brazos, abrió la boca y salió el vacío. Es asombrosa la capacidad del secretario general del PSOE para no decir nada durante minutos y minutos de charla ininterrumpida. Lo último: la etiqueta machaconamente repetida de “gobierno progresista y reformista”. ¿Qué quiere decir eso? Nada, en realidad. Es que lo mismo podría decir –y dice- Ciudadanos. Es que lo mismo podría decir –y dice- el PP. “Seremos guapos, no feos”, proclama el demagogo. Y todo el mundo está de acuerdo, evidentemente. Las dudas pueden aparecer cuándo alguien –cualquier reaccionario, sin duda- pregunta qué quiere decir exactamente “ser guapo”. O sea, qué entiende el demagogo por “progreso” y qué es lo que quiere “reformar”. Curiosamente, es lo que en la España de hoy nadie se cuestiona.

La política, si hablamos en serio, no es sólo cuestión de estilo, talante, imagen, mercadotecnia y “sensaciones”. Ni cabe el “mecachis, qué guapo soy”. La política es, sobre todo, aplicación de soluciones para problemas objetivos. Es natural que esas soluciones sean unas u otras en función de las propias convicciones, y por eso es bueno que haya pluralidad ideológica. La opción por unas u otras soluciones implica un determinado proyecto, un determinado propósito, pero es que incluso el mero enunciado de los problemas objetivos ya es una declaración de intenciones. El debate racional, adulto, debe gravitar sobre esas cuestiones. ¿Cuáles son? Siga usted las declaraciones de nuestros líderes en esta turbia y viscosa hora de incertidumbres y llegará a la deplorable conclusión de que o bien no lo saben, o bien –lo más probable- nos lo ocultan.

Podríamos multiplicar los ejemplos, pero no vale la pena. Todos los que están en la vida pública los conocen. Todos saben que tenemos entre las manos un estado simplemente inviable. Ninguno lo confesará, no vaya a ser que el enunciado de los problemas objetivos invalide sus demagógicas soluciones. Para coger el toro por los cuernos haría falta un sentido del patriotismo que hoy parece extinguido en nuestro mapa político. En vez de eso, chapoteamos en la apoteosis del vacío. Y ahí seguiremos, porque sobre el vacío se ha construido la vigente estructura del poder.

La Gaceta

 

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