ASPASIA Y LA HUELGA SEXUAL

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ASPASIA Y LA HUELGA SEXUAL

Las mujeres quieren parar el planeta y las feministas españolas proponen paros en todas las ciudades y pueblos del reino. Se reunieron 400 activistas en Zaragoza para preparar la huelga del día 8 de marzo. Proclamaron algo evidente: sin ellas, ni se produce ni se reproduce. En el cónclave se notó la asistencia icónica de tres nombres sagrados del feminismo: SafoLisístrata y Aspasia.

Los atenienses que fueron capaces de institucionalizar -antes que Zapatero– la homosexualidad, dejaron a las mujeres fuera de la historia. “La pederastia -escribe Durrell– se adueñó de la cultura griega como rasgo de una ciudadanía superior. Y sin embargo, se segregó a las mujeres”. A pesar de ello, como nadie supera a los griegos en genio y en vanguardia esos tres nombres iluminan el horizonte de la rebelión de las mujeres.

Safo de Lesbos, la décima musa, frágil, menuda y oscura fue comparada con el ruiseñor. La más grande lírica griega escribió nueve libros, 12.000 versos y la Iglesia la condenó siglos después a la hoguera. En su obra de exquisita inspiración canta no sólo a la igualdad sino a la pasión amorosa que experimentó hacia sus discípulas. Pero la que más influencia tuvo en Zaragoza fue Lisístrata con su propuesta de huelga de sexo.

No sé si las feministas seguirán ese programa máximo de piernas cruzadas inspirado en la heroína griega que ordenó a las mujeres que se negaran, frías como la nieve, “con la más sutil seda azafranada” a entregarse a los maromos para parar la guerra. Sería una huelga feminista-pacifista que pararía el día y la noche.

Entre las siglas de las activistas de Zaragoza está Aspasia, organización feminista de la Universidad Complutense y Aspasia es una palabra mayor, la mujer que más brilló en la edad de oro de Pericles, el que dio nombre a un siglo. Era una cortesana, fue acusada de pervertir a las mujeres y procesada por impiedad. Los libelistas la dibujaron como un putón. Pero era excelsa y tan buena oradora como su marido. Aprendió al arte de darle al pico en Mileto, donde había igualdad entre niños y niñas.

Se ha llegado a pensar y decir que participó en la redacción del texto más famoso de la historia de la democracia, el Discurso fúnebre de Pericles, el que llevaba en la lengua un rayo. Aquel “modo de decir sublime, altivo y soberbio que tronaba y lanzaba centellas” quizás tuvo una negra, una speechwriter. El discurso vale para hoy: “Si bien en los asuntos privado somos indulgentes, en los públicos, en cambio, ante todo por un respetuoso temor, jamás obramos ilegalmente, sino que obedecemos a quienes les toca mandar y acatamos las leyes”.

Raúl del Pozo ( El Mundo )