ASTILLAS DE LA CRUZ DE PUIGDEMONT

collonm

ASTILLAS DE LA CRUZ DE PUIGDEMONT

Eran féretros de santos o ajuares de monja, eran renacentistas o barrocos, eran pintura o chocolatería… Habrá quien se confunda, pero no los exquisitos amantes del arte sacro y de las sombras ojivales. En Las Mañanas de Cuatro, su dura polifonía sonaba como esos órganos de iglesia que parecen barcos fluviales del Cielo: “Fuera fuerzas de ocupación”, “traidores”, “vergüenza, no sois catalanes”. Es la furia de quienes ven cómo se roba su arte igual que se rompen sus únicas gafas o se va su única novia bibliotecaria.

No, claro que les da igual el arte, y el tesoro o caja de polvorones de Sijena. La liarían por un museo de la vendimia. O por astillas de la cruz de Puigdemont, tan grande ya que da para una cabaña en ese bosque belga en el que vuelve a aparecer en su anuncio electoral con las trenzas pelirrojas del otoño (el bosque y Puigdemont, que tiene algo de la Laura Ingalls de La casa de la pradera rodando por una colina hacia nosotros). Su religión está hecha de muchos símbolos de tela, plata, puñales y hojaldre, y se trata de defender la religión, no la madera ni el arte como tales. Menos, la decisión de un juez sobre una venta ilegal.

A veces, incluso, las religiones se suman o sobredoran y salen esas siniestras misas independentistas con aquelarre dentro, como la que dedicaron a Forn y que nos enseñaron las televisiones, con Pujol como un cura piripi de vino de consagrar. Parecen El Palmar de Troya.

En esa religión suya hay TorquemadasMagdalenas, políticos santurrones, frailes con trabuco, sacristanejos ruines, mártires de catacumba y mesías de la torrija, que tienen además el púlpito con cañonera de TV3. Hay hasta un Apocalipsis (que significa revelación) escrito en la moleskine de Jové. Sus profecías se fueron cumpliendo sello tras sello, como redactar leyes que sabían que serían anuladas para provocar “microrrupturas”, concepto que explicaron en Más vale tarde.

Y, claro, convertir todo en cruzada, hasta la propiedad del braguero de una abadesa. Todo estaba escrito, pero les falló la venida del Reino, que se quedó como un ángel paracaidista colgado de un árbol. Da igual, ahí vuelven en su procesión de milenaristas, con flagelantes, botafumeiros y patenas con moneditas. Es el siglo XXI o el Medievo, es política o estafa… No hay que ser perito para darse cuenta.

Luis Miguel Fuentes( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor