¡ AY, QUE PENA, PENITA PENA ME DAN LOS JORDIS Y COMPAÑIA !

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¡ AY, QUÉ PENA, PENITA PENA ME DAN LOS JORDIS Y COMPAÑÍA !

Una pena muy grande, como una punzada en el corazón. Me los tiene en el talego como a los gitanos por robar un par de gallinas. No hay derecho. ¿Qué han hecho los pobrecitos chicos de malo? Si son todo amor. Al fin y al cabo tan solo querían pasarse al Estado por la entrepierna. Si lo único que pretendían, frente a la Consejería de Economía, era jugar un rato al corro de la patata con la Guardia Civildentro, o cuando proclamaron la República no la proclamaron sino que simplemente lo dijeron, pero sin efectos jurídicos por aquello de que si cuela, cuela. ¡Qué malajes tienen los españoles! Ni un puñetero lazo amarillo en la gala de los Goya. ¡Habrase visto a los del “no a la guerra”, la ceja y la pancarta!

Mientras tanto El fugitivo de Waterloo tiene henchido el corazón también de buenas intenciones y solo pretender arrollar a los partidos no independentistas pero, eso sí, pacíficamente. Un atropello, pero bajo en calorías, sin cafeína ni grasas saturadas. Una cosa en plan Maduroen Venezuela para acabar con la oposición de forma monda y lironda. Tiene razón Guardiola porque eso le puede pasar a cualquiera. Uno tiene un mal día y lo primero que se le ocurre en un pronto es subirse al techo de un todoterreno de la Benemérita o encargar unas urnas para un referéndum en el chino de debajo de casa. Nunca se puede decir de este agua no beberé porque te acabas amorrando al grifo.

Se acabó la fiesta, los castellers y la foto a vista de pájaro de la manifestación así como las jornadas históricas, el “tenemos prisa” y la revolución de las sonrisas.

Lo que pasa es que el magistrado Llarena les ha cogido manía. Porque, claro, los médicos catalanes que certificaron los partes por lesiones sufridas el 1 de octubre son unos profesionales –¿quién lo puede dudar?– como lo son los periodistas de TV3 o el mayor Trapero, el de las camisetas. ¿Cómo puede ser un profesional un magistrado del Supremo? Hay cosas que no solo no pueden ser, sino que además son imposibles. Así que ahora entre interlocutoria va e interlocutoria viene se ha acabado la verbena y estamos en el post festum, por aquello que a cada carnaval le sigue su cuaresma.

No hay ya flechitas corriendo por la Meridiana ni darse la manita junto con la suegra y el canario en su jaula en la Via Catalana. Se acabó la fiesta, los castellers y la foto a vista de pájaro de la manifestación así como las jornadas históricas, el “tenemos prisa” y la revolución de las sonrisas. Aquello del David contra Goliat es muy recordado precisamente porque tan solo ocurrió una vez. Hasta la señora Boya se ha ido a declarar al Supremo con un par de mudas por si acababa en chirona.

Han pasado la pantalla una vez más a toda leche y están en la cosa de la humanidad. Esta primavera va a llevarse mucho el humanitarismo que combina con el color amarillo. Han declarado el Estado de sitio emocional. Pobre de aquel que no se compadezca de los prisioneros de Soto del Real o de Estremera porque es como no sentir lástima de los refugiados de la guerra de Siria o del niño ahogado al borde del mar con su camisetitas, sus pantalones cortos y sus piernecitas.

La corrección política impone en Cataluña el nacional sentimentalismoalmibarado de llorar en público, escribirles a los presos –y luego publicar las cartas– o rendirles tributo a los familiares de los mismos. Eso por lo visto hace muy humano. Hay que sentirse víctima o hacerse la víctima como Antoni Bassas, que dice haberse sentido el 1 de octubre como los negros de Alabama. Y eso que fue corresponsal de TV3 en Estados Unidos. ¡Qué pena me da!

Manuel Trallero ( El Español )

viñeta de Linda Galmor