AZNAR MENGUATE

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AZNAR MENGUANTE

Fue un buen presidente, pero demasiado rencor le ha ido alejando sin remedio de la grandeza.

Sólo Felipe ha conseguido ser un buen presidente y un buen expresidente tal como sólo Zapatero consiguió ser el único mal presidente que hemos tenido –realmente malo– y no dejar de hacer el ridículo desde que a medias se fue y a medias le echamos del Gobierno.

Felipe supo hacer desde la izquierda lo que ni la derecha de Alianza Popular se habría atrevido a hacer. Aprendió lo fundamental y lo aprendió rápido: y en su transición del marxismo a la centralidad política dejó a todos descolocados. Ver a Fraga y a Pujol pedir el “no” en el referendo de la OTAN fue un espectáculo de todos los tiempos. Como expresidente ha defendido la misma moderación con la que gobernó, en beneficio del PSOE aunque sus bases no lo entiendan, y sobre todo para proteger a España de sus demonios como ahora contra Podemos.

Aznar fue un buen presidente pero demasiado rencor le ha ido alejando sin remedio de la grandeza y últimamente hasta de la lucidez. Siempre he defendido su foto en las Azores y el valor de su alianza con Gran Bretaña y Estados Unidos; y no puede parecerme más acertado su discurso sobre Israel, Venezuela y el buenismo. Pero vive tan hundido en la amargura que ha perdido el temple que le permitió ser un gobernante notable. El que extremó los cuidados con el nacionalismo catalán, sin cuestionarle ni siquiera la inmersión lingüística, se presenta ahora con su cazallera euforia de tanque y bayoneta como si no hubiera aprendido la lección de que el independentismo no tiene otra fuerza que la del rebote victimista y que su única estrategia es provocar al Estado para que se le vaya la mano y fingir penalti.

Es una lástima que Aznar insista en desprestigiarse con sus salidas de tono del resentido, cada día más irrelevantes como revela la audiencia de su entrevista con Bertín. Lo mismo que la izquierda –y eso es humillante, con lo que él fue– está tan obsesionado con lo que cree que el mundo le debe que no se da cuenta de lo mucho que su ridícula rabia le está robando.

Salvador Sostres ( ABC )

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