BESTIAS

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BESTIAS

QUE QUIM T. sea presidente de la Generalitat no es culpa suya. Este es un tiempo favorable para esos sujetos que sólo en una frase pueden demostrar el peor paño y seguir caminando con cargo al presupuesto. Él mismo es el resultado evidente de la desaceleración democrática que aloja el independentismo, el nacionalismo y esos idearios de vuelta a la manzana alentados por un público en minoría que lo aplaude todo. La democracia es algo que no se consigue de una vez para siempre. Requiere un entrenamiento. Un ejercicio saludable de ideas. Una educación. Un sentido claro de qué va esto. Una certeza de querer estar dentro. Algo. Algo más que llamar bestias a los de enfrente.

Un honor, en cualquier caso. Quim T. escribió con asco de otros catalanes (y del resto del mundo también un poco) tomando rehenes en cada párrafo. Señaló con el odio del que apunta al adversario empujándolo a la camioneta. Como un violento encanallado. Eso lo hemos sabido ahora. Pero quien lo escogió para hacer de electroduende a distancia conoce bien el paño de este sujeto atarugado. Y por eso está ahí. Puigdemont ha puesto al frente de Cataluña al espermatozoide más confuso de su nevera. Al más indocumentado en las labores de la democracia. Al más fanático en la derrota de su causa.

Este hombre insulta más allá del tocineo acostumbrado. Gasta una mentalidad de vendedor de clínex que sólo despacha género a los puros de raza. Es tan sobrepasado que incomoda. Pero de eso se trata: de colarle a la democracia, por el procedimiento del empujón, a un menda dopado de salvajismo verbal. Un sujeto así no pasaría la prueba del arco de ningún parlamento europeo. Por agresor verbal. Por inadaptado. Este president no es útil para el asunto de legislar, pues lo hará sólo de cara a aquellos que no le huelan a «bestia», a «hiena» y a no sé qué más, como dijo de los que hablan español en las calles de su pueblo.

La reaparición en la vida democrática de paquidermos verbales recuerda a otros años de legionarios y millanastrais. Algo hay en Quim T. de residuo subhistórico. Eso mismo de lo que va sobrado el independentismo espectacular, tan erizado de matonería. Llamar bestias a los otros no es exactamente grave, lo que asusta es el calado de odio que acumula alguien más excesivo que agudo, capaz de creerse lo que exagera. Y no sólo es que sea un chico de los recados: es que representa una forma de ser que no vale, una realidad de catafalco lóbrego aupada desde un Gobierno sometido por un locazo en fuga más mentiroso que suficiente. Benvingut, hermano asno.

Antonio Lucas ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor