Boñigas

suertek

Boñigas-

Más allá del descubrimiento de Rufián, que encarna una degeneración del personaje del Pijoaparte que ha de tener fascinado a Marsé, la semana de investidura ha dejado la orden de liquidación de Rivera cursada en Génova. Los jóvenes portavoces, como los jinetes apocalípticos de Johnny Cash, se han dispersado en sus monturas con la consigna de abatirlo allí donde lo encuentren. Otra cuestión es que los perseguidores siempre lleguen tarde. Unas ocho horas, según se deduce al palpar las brasas de la hoguera y las boñigas de los caballos.

Puede sorprender que el PP dispense semejante inquina a un socio potencial mientras que con Podemos está literalmente a punto de meterse en la cama. Para esta otra transversalidad, la del coito intertribal anunciado hasta en un escaño, ya digo que no necesito transparencia ni «streamings». Ocurre que Podemos no amenaza el hábitat popular, sino que anticipa una nueva bipolaridad con la que el PP está conforme, en parte porque succiona al PSOE hasta dejarlo como la piel mudada de una serpiente. En cambio, Rivera, que en el parlamento fue con agresividad a por el espacio de Rajoy, se está consagrando en el quilombo poselectoral como una alternativa al PP a la que no invalidan ni la corrupción ni los odios y los prejuicios que impiden a Rajoy moverse en dirección alguna que no sea la de su propia imposición presidencial, por la cual hasta el Rey ha salido regañado.

La debilidad de Rivera que los rastreadores del PP intentan explotar es su supuesto talante «chaquetero» y su complicidad con la socialdemocracia. Veamos. Desde el 20-D, el PP no ha cesado de suplicar una coalición con el PSOE. No ha dejado de decir que ésta era la única alternativa a una penitencia española por las tinieblas populistas. Es decir, si el PP ansía coaligarse con el PSOE, es interés de Estado. Si lo hace Rivera exactamente por las mismas razones, es chaqueterismo.

La única diferencia es que Rivera lo ha logrado, porque entre Sánchez y Rajoy existe una animadversión mutua que constituye la fatal interferencia del factor humano. También ha contribuido que Rivera, al no haber ganado las elecciones, no impone la condición de ser presidente. Pero con su acercamiento a la socialdemocracia, que es el mismo que intentará hacer Rajoy a partir de ahora en una posición más dominante, de momento ya ha logrado aquello en lo que fracasó el quietismo del PP: dar al PSOE una alternativa, al menos argumental, a la rendición al populismo.

Cuajar un eje distinto cuando Rajoy amenazaba con no volver a respirar mientras no lo hicieran presidente. La rendición socialista al populismo puede ocurrir de todas formas en los próximos dos meses. Pero, mientras, ha sido el «chaquetero» de Rivera el que ha logrado negociar todos esos entendimientos que el propio PP declaró imprescindibles para el país. Y encima los de la Pinkerton llegan siempre cuando Rivera ya se fue y sólo quedan las boñigas.

David Gistau ( ABC )

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*