UN ” BREXIT ” BLANDO COMO MAL MENOR

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UN ” BREXIT ” BLANDO COMO MAL MENOR

Aunque sea castizo, cualquier británico podría hoy hacer suyo el dicho de que para este viaje no se necesitaban alforjas. Era sabido que el Brexit era un pésimo negocio tanto para el Reino Unido como para el conjunto de Europa. Pero, tras el principio de acuerdo sellado ayer entre Theresa May y las autoridades comunitarias, se confirma que se trata antes que nada de una monumental irresponsabilidad por parte del Gobierno de Londres, que ha provocado el mayor terremoto político en la UE desde su fundación. Porque, al final, todo apunta a que el divorcio se consumará -o no, que, no nos engañemos, las cosas están aún demasiado abiertas-, aunque la premier va a tener que asumir tantas condiciones de Bruselas que el Brexit resultante difícilmente contentará a nadie.

Los eurófobos que apostaban por una ruptura dura ayer se revolvieron y denunciaron que May está engañando a los británicos. Y quienes defienden que lo mejor es que el Reino Unido siguiera en el club comunitario -hoy, la mayoría de ciudadanos, según las encuestas-, se encontrarán con que, al final, estarán con un pie fuera y con otro dentro, lo que les obligará a asumir muchas reglas europeas pero habiendo perdido su derecho de voz y voto actual -un limbo similar al que hoy tienen países asociados como Noruega-. Si, en su día, toda la campaña que derivó en el referéndum pivotó sobre la apasionada idea de recuperar la plena soberanía británica, hoy Londres parece que habrá de conformarse con una soberanía virtual, de mera apariencia.

Después de varias jornadas maratonianas, May y el presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, han alcanzado un acuerdo sobre Irlanda del Norte, el asunto más conflictivo en la primera etapa de negociación. La fórmula, como toda cuadratura del círculo, se antoja fácil de entender sobre el papel, pero difícil de llevar a la práctica sin que en el futuro provoque toda clase de conflictos. Con el fin de preservar los Acuerdos de Viernes Santo y que no descarrile todo el proceso de paz en el Ulster, el territorio tendrá una frontera invisible con la República irlandesa, es decir, con la Unión Europea.

Será efectiva la libre circulación de sus habitantes -que mantendrán los derechos de ciudadanía europea- y, aunque no se cuestiona la pertenencia de Irlanda del Norte al Reino Unido, se asegura, de facto, un estatus especial respecto al mercado comunitario. Porque el Gobierno británico se plegará en el Ulster a las reglas de la Unión Aduanera. Y ello permite aventurar que May intentará acordar un Brexit económico blandísimo para todo el Reino Unido en la segunda fase de negociación con Bruselas que comienza ahora. Lo que decíamos, un viaje sin sentido.

La absoluta debilidad en la que se encuentra el Gobierno de May -en minoría desde las pasadas elecciones- le ha forzado a tener que plegarse a las exigencias comunitarias para ganar algo de oxígeno interno. Y es que la premier, muy cuestionada incluso en sus filas, necesitaba colgarse la medalla de que al menos el diálogo avanza y de que se podrá cumplir el objetivo de culminar el proceso delBrexit en la primavera de 2019.

La estrategia británica de intentar dividir a los Veintisiete fracasó y, por el contrario, han reforzado su unión en esta cuestión como corresponde a la lógica salvaguarda de los intereses comunitarios. May ha dado ya su brazo a torcer en las demandas para asegurar los derechos de los ciudadanos comunitarios residentes en el Reino Unido. Y, sobre la factura a pagar por el divorcio, ha pasado de decir no hace mucho que a Londres le saldría gratis a aceptar ya que habrá de contribuir con al menos 45.000 millones de euros.

Queda, en todo caso, una larga negociación por delante. Y el Gobierno británico habrá de salvar incontables obstáculos. Se espera un ruidoso intento de boicot de los defensores del Brexit duro, empezando por el Ukip. Además, la fórmula imaginativa aplicada a Irlanda del Norte ya ha animado a EscociaGales o Londres-lugares en los que se votó mayoritariamente a favor de seguir en la UE- a reclamar un trato similar. Veremos si May es capaz de cuadrar el círculo.

El Mundo