Carmena no quiere que a las putas se las llame putas

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Carmena no quiere que a las putas se las llame putas.

El lenguaje es un arma muy potente que sirve para para decir verdad o mentira, pero también para hacer ejercicios de simulación de la realidad.

Las putas de Madrid han tomado la palabra y exigen que cuando se hable de ellas se utilice correctamente el lenguaje, porque no quieren que nadie les perdone la vida ni las salve de su oficio cuando lo ejercen voluntariamente, ni las estigmatice con expresiones retóricas para que parezcan lo que no son.

No hay nada que les moleste más que los moralistas que las señalan con el dedo flamígero – porque carecen de espada – o los comprensivos y tolerantes progres profesionales, que las quieren proteger ocultando su realidad con un lenguaje artificial que las convertirían en azafatas del sexo.

La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, quiere hacer una guía periodística para informar sobre la prostitución, como si se tratase de un evento turístico de la capital de España, y para eso le ha encargado a un lumbreras que escriba un texto en el que define a las trabajadores del sexo y a sus clientes con unos términos edulcorados que no gusta nada a sus principales protagonistas.

Una de las ocurrencias del autor de esa guía que, al parecer, le quiere perdonar la vida a las putas y convertirlas en otra cosa, es llamarlas “mujeres en situación de prostitución” y a sus clientes “prostituidores”.

Ellas dicen de sí mismas que las trabajadoras del sexo son prostitutas, putas, meretrices, y no deberían colgarles ningún otro cartel, de la misma forma que las fontaneras son fontaneras y no mujeres en situación de fontanería.

Cuando los poderes públicos les indican a los periodistas cuáles son las palabras que deben utilizar y cuáles no, solamente están orinando fuera del tiesto sino que ignoran que los que cuentan las cosas que suceden en el mundo no necesitan que nadie les diga cómo juntar las letras y mucho menos cómo llamarle al pan, pan, al vino, vino, a los tontos, tontos y a las putas, putas.

Son ellas mismas las que lo han exigido en el comunicado al que hago referencia, y si alguien desde el poder municipal quiere ayudarlas, tiene otras muchas acciones que puede realizar para proteger su trabajo de los abusos y garantizar sus derechos laborales.

Diego Armario

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