CARNE DE CAÑÓN

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CARNE DE CAÑÓN

Tenemos la cárcel en demasiada estima como castigo y como medio rehabilitador de conductas. La privación de libertad y el exceso de tiempo pueden ser estupendos para estudiar y escribir, como demostró Antonio Escohotado, y Oriol Junqueras los aprovecha para rezar y contestar la correspondencia de alucinados que lo confunden con Mandela.

Por más de un millón de euros, sale a licitación en el BOE un programa de reinserción de presos en Cataluña: una pena que no hagan un concurso de ideas para rehabilitar a los indepes que han probado catre de prisión. Daríamos unas cuantas. Y no sólo para ellos, que a los condenados por corrupción les vendría mejor asear a viejecitos con demencia senil en las Hermanitas de los Pobres que tomar el sol de patio.

Los excarcelados catalanes han contado de su pasión carcelaria impresiones jugosas: los hay que han considerado que la comida era flatulenta y les ha chocado que se sirviera en bandejas metálicas, lo que nos lleva a preguntarnos por qué clase de comedores escolares han pasado. Santi Vila relató con valentía que su compañero de celda se metió con él por no saber hacerse la cama, que se notaba que no había hecho la mili. O que le habían remetido el embozo como a un señorito. Alguno dijo que se aburría, a pesar del ping pong y la tele, cual niño contemporáneo sin Tablet.

Si pudiéramos diseñar las medidas de reinserción, llevaríamos a Junqueras a varear olivos a Osuna, a conocer a los empresarios que han puesto al aceite andaluz en lo más alto o a llevar cafés en una start up de Málaga donde se hable en inglés, con empleados de varias nacionalidades. Que se agachara en el valle de Amblés, en Ávila, a poner los plantones de fresa que luego van a Lepe. Y, sin salir de Cataluña, a servir raciones de merluza en salsa verde en la tienda de María Jesús, la madre de Albert Rivera. Organizarle una charla de grupo con mestizos del Apartheid y que cuenten cómo es vivir con quien se considera superior a ti.

Mi amigo Nicolás, funcionario de prisiones, dice que el 90% de los reincidentes son carne de cañón carcelaria. Camellos que no han visto otra cosa. Lo de reincidir puede ocurrir en Cataluña sin un programa eficaz de rehabilitación y reinserción para que dejen de traficar con demagogia, mentiras e ilusiones de ciencia ficción. Una droga que no describió Escohotado en prisión.

Berta González de Vega ( El Mundo )