CARNE MILITANTE

pedrozz

CARNE MILITANTE

LA ESCENA es conocida. La cuenta en sus memorias Julio Feo, director de campaña del PSOE en las cuatro primeras elecciones generales de la democracia. Era 1977. En un mitin en La Condomina «un señor mayor que se acercaba a nosotros sonriendo, envuelto en una tricolor [republicana]. Fui corriendo hacia él, sin que se acercara demasiado, lo abracé y me lo llevé hacia el fondo, donde no tuve problemas para que nos diera la bandera y depusiera su actitud». La gran epopeya del socialismo en la Transición se resume en ese abrazo.

El militante es un ser cada vez más exótico. Felipe González ya intuía esa naturaleza extravagante -insisto, todavía menos acusada que hoy- cuando se hizo cargo del partido y su gran hazaña fue ir apartándolos a abrazos para que no le entorpecieran mientras se dirigía a la conquista de la mayoría social. González llevó al partido a donde el partido no quería ir, le pueden escuchar a él mismo reconociéndolo en uno de aquellos documentales de Victoria Prego sobre la Transición.

Todo partido hegemónico ha de gestionar la tensión entre la militancia y la votancia. Al PSOE lo llegó a votar casi toda España y cuanto más crecía su base electoral, más se alejaban las preocupaciones e intereses de su votante medio de las obsesiones y nostalgias de su militante medio. Un votante cualquiera del PSOE llegó a sentir ante la militancia la misma extrañeza que un internauta siente hoy ante la Asociación de internautas. ¿Cómo que existe una asociación de internautas? ¡España es una asociación de internautas!

Pedro Sánchez está recorriendo el camino inverso al que recorrió Felipe González. Está abandonando a la mayoría social, apartándola a manotazos, para conquistar a la militancia, porque su liderazgo es tan flácido que no persigue el éxito colectivo sino la mera supervivencia personal.

Ayer mismo me ayudó a entenderlo el fino analista político, y otrora estratega del PSOE, Ignacio Varela. El nuevo reglamento que rige la vida orgánica de los socialistas no es un paso hacia la victoria sino un blindaje ante la derrota. Y esta frase es aplicable a cada una de las decisiones de Sánchez como secretario general. Basta con cambiarle el sujeto. Prueben.

Sánchez ha acordonado Ferraz. Un cordón humano, de carne militante. Un regreso a la pureza esencial. Dentro de poco ya podrá decir aquello que un dirigente comunista salvadoreño le contestó a José Rodríguez de la Borbolla cuando le preguntó por cómo le iban las cosas a su partido: «Bien, somos pocos pero muy sectarios».

Rafa LaTorre ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor