CATALUÑA: 98 INTERIOR

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CATALUÑA: 98 INTERIOR

No se acaba el alboroto y corremos el riesgo de ir al tiroteo. Sigue la chulería de los separatistas que amenazan con declarar en su Parlament la independencia, ante la inacción del Gobierno. Los constitucionalistas -deslumbrados como una liebre delante de focos en la carretera- se reúnen muchas veces y no se atreven a emplumar a Puigdemont, cuya orden de detención estaba escrita por consenso. Aunque el president tenga fuero, podría ser arrestado por delito flagrante. Pero no van por ahí las intenciones de la alianza. El portavoz del PSOE dibuja un 155 limitado, breve, que mantenga el autogobierno.

Desde el pelotón de los iracundos se truena: “A estos políticos les faltan las agallas que tuvieron los demócratas del 81: trincaron a Tejero rodeado de metralletas y generales golpistas”. Según Camilo José Cela, los testículos semejan agallas o piñas de ciprés y se llama agalludos a los de ánimo esforzado; en este momento ni los valientes ni los jindones pueden ya parar que se fugue la tela. Méndez de Vigo hace una declaración en la que dice que nadie dude de que el Gobierno pondrá todos los medios para restaurar la legalidad, cuando duda casi todo el mundo.

Hay quien dice que gobernar es difícil y exige y pide mesura hasta el sufrimiento. Otro rodal de la grada se pregunta con ira cómo es posible que, a una pandilla de fanáticos, se les haya permitido tambalear el país. José María Aznar ha sacado las tablas de la ley del PP: “España atraviesa un momento crítico. Los secesionistas han roto el pacto que unía al país”. Habla Pablo Iglesias de pirómanos y bomberos, y a mí me parecen los protagonistas del desastre, quemados, a merced de unos pirados, que han traducido la prudencia del Gobierno como debilidad. También hay inquietud, casi desolación, en las filas socialistas. Una diputada me informa: “No saben qué hacer. Han creado muchas expectativas con el 155 y la gente ha creído que eso era la solución, y ahora están paralizados. El problema se les ha ido de las manos”. Le pregunto a una persona muy cercana a Rajoy si ha leído los editoriales de los periódicos que se alarman ante la pasividad. Me responde: “Opinar es gratis y no tiene responsabilidades”.

Estamos viviendo un 98 interior, una repetición grotesca que Pío Baroja describía así: “Esto es la sociedad española, este desfile de cosas muertas ante la indiferencia de un pueblo de eunucos”. Algunos políticos mesetarios se han contagiado de la pulsión suicida, la tendencia a la traición, el absurdo mágico de unos pelagatos que han avasallado la Constitución.

Raúl del Pozo( El Mundo )