CATALUÑA AUTISTA

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CATALUÑA AUTISTA

Allá por el año 2000, en los días en los que Jordi Pujol aún parecía honorable, en el curso de una entrevista que le hicimos en el programa “Los desayunos de Radio televisión española”, nos dijo que España no era una nación. Según él era un sentimiento, una lengua, y una cultura… pero sólo eso.

El subconsciente le jugaba en ese momento una mala pasada porque a quien estaba describiendo era a Cataluña, esa parte de España que los nacionalistas quieren convertir en un estado independiente, porque aquella definición le venía como anillo al dedo.

De haber continuado con su argumentación, el hoy padre de una saga de ciudadanos habilidosos para sacar dinero debajo de las piedras en cualquier lugar del mundo sin que la justicia que les investiga encuentre materia ni razón legal para incomodarles demasiado, habría propuesto que el resto de España fuesen colonias catalanas de segundo nivel, pero aquella entrevista solo duró una hora y no tuvo ocasión de desarrollar su tesis.

Este asunto que hace años tiene entretenidos a los nacionalistas es un verdadero despropósito que sin embargo ha conseguido seducir a algo menos de la mitad de los catalanes, que no es poca cosa.

Hasta tal punto han hurtado el sentido de la realidad a quienes apoyan este proyecto de sedición que les da lo mismo que su gobierno esté formado por un sudoku de incompetentes que les gravan con los impuestos más altos de

España, les cierran hospitales y no disponen de ambulancias pediátricas en algunas de sus provincias, mientras que dedican parte de ese presupuesto a una ensoñación independentista creando embajadas, y haciendo que una TV3 adoctrinadora tenga más presupuesto y empleados que la suma de varias televisiones públicas de España.

La Arcadia feliz prometida por los soberanistas a los catalanes pata negra no existe, pero no importa. Les basta con mantener la idea de una Cataluña Independiente aunque en el actual escenario institucional europeo y mundial no quepa el reconocimiento de un nuevo estado que se desgaja de otro, por las bravas.

La filosofía política de los secesionistas catalanes es étnica, y conlleva la exclusión y la persecución social de los ciudadanos que no se identifiquen con sus principios, pero al mismo tiempo está abierta al acogimiento de cualquier persona de otra raza que haya emigrado a Cataluña y abrace la estelada, aunque sea con el burka.

Resulta difícil hacer pedagogía en este asunto porque cuando la gente está dispuesta a que la engañen no hay fuerza humana que lo impida.

Hace ya mucho tiempo que no escribo sobre la pretensión independentista del gobierno y de parte de la sociedad catalana, porque resultan muy cansinos.

Un día, harto de tanta mentira, publiqué una columna titulada “¡Que les den la independencia de una puñetera vez!

Sé que sería ilegal que el gobierno lo consintiese, pero algunos se lo merecen porque comprobarían lo que es depender en exclusiva de una panda sectaria formada por gente poco aseada física, moral e intelectualmente.

Diego Armario

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