CATALUÑA, EN FASE DE DERRIBO

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CATALUÑA, EN FASE DE DERRIBO

La presencia la Guardia Civil en el Parlamento catalán se saldó con nula colaboración institucional

Cataluña está en fase de derribo. El caso de corrupción del 3% huele ya a naftalina, pero revela la perpetuación de un sistema perverso de comisiones ilegales a cambio de contrataciones públicas para la financiación de la extinta CiU, que comenzó muchos años antes de que Germà Gordó fuese el escudero de Artur Mas. Hoy Gordó, el último en llegar al «oasis» que nutría un sistema corrupto diseñado por Jordi Pujol hace más de tres décadas, ni siquiera está en el grupo parlamentario al que perteneció, pero mantiene su escaño arrumbado en el grupo de no adscritos del parlamento catalán a la espera de que algún juzgado decrete la apertura de juicio oral. Todo por la salvaguarda de la independencia y no inhabilitarse a sí mismo antes de que lo haga un juez por la vía de los hechos consumados.

La presencia de agentes de la Guardia Civil en el Parlamento catalán, y en la Generalitat, por orden judicial en busca de documentación de Gordó, se saldó con nula colaboración institucional en la sede del Ejecutivo catalán, y con una orden expresa del consejero de Presidencia, Jordi Turull, de no colaborar con la Justicia. Incluso, utilizó a los Mossos como escudo para impedir el acceso de la Guardia Civil a antiguas agendas y los archivos de visitas recibidas por Gordó durante su etapa de consejero de Justicia. Todo ha desaparecido. No hay rastro de la existencia de Gordó en la Generalitat…

 Turull no protagonizó ayer una sublevación o un acto de rebeldía para proteger el proceso separatista, o para exhibir una primera reacción contra las fuerzas «represivas» del Estado. No era un ensayo de la «resistencia catalana» a una retirada de urnas por la fuerza. Fue el desprecio que siente la Generalitat por la Justicia y por las instituciones del Estado, y fue un elemental ejercicio de ocultación de pruebas porque bajo su sobreactuado ejercicio de autoridad solo subyace un impedimento para que ningún juez siga levantando alfombras. Turull se limitó a aferrarse a la putrefacción de un partido que lo fue todo en Cataluña y lleva camino de la extinción.
Manuel Marín ( ABC )

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