CATALUÑA, ROMPEOLAS DE TODAS LAS DEMAGOGIAS

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CATALUÑA, ROMPEOLAS DE TODAS LAS DEMAGOGIAS

La desfachatez y el oportunismo de los que hacen gala los independentistas quedaron ayer de nuevo en evidencia en el aeropuerto de El Prat. Mientras miles de pasajeros soportaban largas colas de espera debido a la tercera jornada de huelga de los empleados de seguridad, miembros de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) se dedicaron a repartir panfletos en los que se culpa al Estado del caos que se vive en el aeropuerto y se presenta el referéndum ilegal del 1-O como la fórmula mágica que resolvería no sólo éste, sino todos los problemas de los catalanes.

Para la ANC, Aena y Eulen (la empresa responsable de la seguridad en el aeropuerto de Barcelona) son los únicos responsables del conflicto laboral que se inició con huelgas de celo el pasado 24 de julio y amenaza con paralizar indefinidamente el aeródromo a partir del próximo día 14. Esta situación, dicen,no se habría producido en una hipotética Cataluña independiente, como si en la arcadia feliz que predican los problemas y los conflictos desapareciesen como por arte de magia.

Los activistas de la organización soberanista olvidan conscientemente que son los miembros del comité de huelga quienes mantienen como rehenes a pasajeros y turistas y, especialmente, que es la Generalitat la que ha dejado que el problema alcance esta dimensión, ya que es su Consejería de Trabajo la que dispone de las competencias en mediación y arbitraje de conflictos laborales. Una situación similar a la que sufrieron durante 12 semanas los ciudadanos de Barcelona por la incompetencia del Ayuntamiento de Colau para poner fin a la huelga de los trabajadores del metro.

Se trata, por tanto, de un nuevo acto de burda propaganda, secundado por la Generalitat y el PDeCAT, encaminado a presentar a Cataluña como víctima de los abusos del Gobierno. De la misma forma que repetían insistentemente España nos roba, cuando era el clan Pujol el que estaba robando, ahora estamos ante la misma estrategia demagógica con la que pretenden seguir actuando de espaldas a la ley e incitando a que los ciudadanos imiten la falta de responsabilidad de la que hace gala el Govern, cuando desoye los mandatos del Constitucional. O cuando se niegan a ejecutar la sentencia que obliga a la Generalitat a devolver las obras de arte que el obispo de Lérida ordenó llevarse del Monasterio de Sijena, en Huesca.

Como recordó ayer Mariano Rajoy tras su despacho con el Rey Felipe VI en la Palacio de Marivent, el desafío soberanista es “una patada a la democracia”, ya que un Estado de Derecho no puede permitir que no rija la ley en una parte de su territorio. También advirtió el presidente del Gobierno del peligro que supone que partidos nacionales como el PSOE frivolicen por razones electorales sobre el modelo territorial y pidió a los socialistas que escenifiquen un pacto de unidad junto a PP y Ciudadanos para evitar seguir alimentando el delirio independentista. De no hacerlo, Pedro Sánchez corre el riesgo de verse sumido en una crisis en su partido como le ocurre al líder de Podemos.

La ambigüedad populista con la que Pablo Iglesias ha tratado el desafío de la Generalitat, con la intención de buscar votos en los caladeros independentistas, le ha estallado al líder de la formación morada. Después de haber defendido reiteradamente el derecho a decidir, para matizar luego que si fuese catalán no iría a votar el 1 de octubre, pretende ahora evitar que la marca catalana de Podemos se someta a su criterio y retire el apoyo al referéndum ilegal. Iglesias, acostumbrado a ejercer el poder de manera leninista, está sufriendo las consecuencias de haber alimentado el sentimiento independentista entre las bases del partido y quiere ahora someterlas a su cambiante estrategia política.

La demagogia que utilizan los independentistas se está convirtiendo en un auténtico virus que ha infectado la política española y la mantiene paralizada por la voluntad de un puñado de diputados antisistema y el empeño suicida de Puigdemont de no detener esta locura.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor

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