Yo sí, celebro la Constitución

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Yo sí, celebro la Constitución

La pluralidad de España se refleja en sus gentes porque aquí tenemos de todo: altos, bajos; limpios, mal olientes; generosos, egoístas; valientes, cobardes; letrados e iletrados; listos, tontos; bien nacidos e hijos de su esdrújula madre, y para todos ellos están los derechos y la libertades reconocidos en nuestra Constitución.

España es uno de los países de nuestro entorno que tiene la legislación más moderna y la Constitución más garantista.

Es cierto que nuestra Constitución es de las más recientes y se elaboró no solo teniendo en cuenta los avances en el reconocimiento de derechos individuales y colectivos que ya se habían plasmado en los textos de las cartas Magnas europeas, sino que dimos unos cuantos pasos adelante para que nadie nos pusiese echar en cara que dejábamos en nuestras leyes reminiscencias del franquismo, del que habíamos salido unos años antes.

Además del ansia de libertad, otro de los motores que empujó nuestra maquinaria constitucional fue el complejo que arrastrábamos por provenir de una dictadura, y eso llevo a nuestros constitucionalistas a establecer derechos con más amplitud que en otras legislaciones europeas.

La complejidad de nuestro sistema de descentralización otorga a los gobiernos de las Comunidades Autónomas más competencias de las que tienen los landers en la Alemania Federal, y salvo el derecho a una muerte digna, con el que yo estoy de acuerdo, que aún no ha sido reconocido por nuestras leyes, pocos avances constitucionales que existan en otros países pueden darnos argumentos para denostar a nuestra ley de leyes.

Somos tan exquisitos en el reconocimiento de las libertades, que una de esas comunidades, Cataluña, lleva incumpliendo la constitución sistemáticamente, sigo haciéndolo con impudorosa exhibición de desvergüenza política y ….no pasa nada.

Los partidos políticos que están en el ámbito del respeto a la constitución y a la unidad de España no han concretado aún qué tipo de reforma constitucional quieren hacer, en cambio los que aspiran a trocearla, a implantar un sistema alejado de la economía social de mercado, restringiendo libertades de prensa, opinión y derecho a la propiedad o cambiando la forma del Estado, sí han definido sus objetivos.

Todas las pretensiones son legítimas pero para llevarlas a término es preciso transitar por un proceso de reforma que requiere mayorías cualificadas, además de un referendum, disolución de las cámaras y nuevas elecciones.

Mientras tanto la norma que rige es la constitución vigente es despreciada por quienes quieren abolirla y sustituirla por otra que, entre otras cosas, nos alejaría de las democracias de nuestro entorno.

La ausencia de los actos constitucionales en un día como hoy por parte de algunos representantes políticos acredita la idea que tienen sobre el talante y el respeto que se espera de un personal como ellos.

Yo celebré hace unos días el aniversario de la constitución yendo a los actos convocados en la Comunidad de Madrid, a los que asistió respetuosamente José Manuel López Rodrigo, portavoz de Podemos. Hoy lo vuelvo a hacer con esta reflexión.

Diego Armario

 

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