Cervantes, fascista

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Cervantes, fascista

En Cataluña ya no respetan ni a Cervantes,  que por lo visto había nacido en Barcelona ,según decía un pseudohistoriador independentista que ejerce de cómico. 

El personal de la CUP ha estado a punto de llamarle franquista al autor de El Quijote, pero se han conformado con regalarle el apelativo de fascista, o al menos eso dijeron ayer al reventar un acto en la universidad de Barcelona en el que Sociedad Civil Catalana lo homenajeaba.

Definitivamente no tienen remedio y como sigan así acabaran siendo un archipiélago Gulag en el corazón de la Europa que desprecian.

Somos muchos los que anotamos y escribimos la historia de las vicisitudes diarias y los despropósitos de una Cataluña suicida que consiente, alienta, jalea, y se encama con el lumpen más cutre, y violento que controla sus calles,  en connivencia con el gobierno xenófobo de la Generalitat.

Estamos viviendo un tiempo indecente sin marcha atrás, en el que habrá más sufrimiento que gloria, más desencanto que honra y más lágrimas  que risas, pero sobre todo habrá una sima casi insalvable entre los ciudadanos pacíficos  que respetan la ley y tipos indecentes que gobiernan las calles con la violencia, la incultura y el odio.

De los zarrapastrosos del sobaco sudado,  y zarrapastrosas del flequillo a corte horizontal,  no se puede esperar  que lean mucho más que el manifiesto comunista, el libro rojo de Mao o las memorias del Ché en forma de diario.  Por eso desprecian la literatura clásica de escritores universales y sólo van a la Universidad a reventar actos académicos  en los que la cultura es protagonista.

A este personal se le podría aplicar parcialmente una frase Cervantes en la que se refiere a Don Quijote diciendo que “se le secó el cerebro del poco dormir y del mucho leer”, con la salvedad de que a ellos se les ha secado por no leer.

Cuando la cultura es el enemigo a batir y el eslogan revolucionario propone censurar actos académicos, el siguiente paso será quemar libros.

Citaba al principio de esta columna a Alexander Solzhenitsyn , que dedicó su novela, Archipiélago Gulav  “ a todos los que no vivieron para contarlo, y pidió perdón por no haberlo visto todo, por no recordar todo, y por no poder decirlo todo”.

Los tiempos históricos y las situaciones geográficas son bien distintas, pero de continuar por esta senda del odio y la incultura, algún escritor dentro de unos años deberá pedir perdón por las mismas razones que el premio Nobel ruso.

Diego Armario