CIUDADANOS DE AFRANCESA

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CIUDADANOS DE AFRANCESA

Suena Valls. Cs le ha ofrecido la candidatura a la Alcaldía de Barcelona. Una apuesta arriesgada, tonificante y básicamente una buena idea y un mensaje a Europa: la amenaza nacionalpopulista es transfronteriza. Corre riesgo el proyecto comunitario. Cs se afrancesa. Asume y revive, en vísperas de la conmemoración de la Guerra de Independencia, que el patriotismo también anidaba entre los afrancesados, tan infelices y engatusados sus liberales como nuestros precursores doceañistas.

Si Valls acepta la oferta -golosa, porque de momento el ex socialista no tiene quién le escriba en Francia- asistiremos en Barcelona a un enfrentamiento a la altura de los tiempos: el jacobino contra la cordelera Colau; la defensa de las instituciones y las libertades individuales contra la princesa de la multitud; la Ilustración contra a la colosal desgana; la audacia de las ideas frente a la osadía de quien descuida el saber y empodera la ignorancia.

Todo esto precisamente en Barcelona. Que no fue en absoluto afrancesada durante los seis años que duró la ocupación, entre 1808 y 1814. Su patriotismo careció de relato hasta junio de 1809, cuando el afrancesado Casanova ejecutó a cinco de sus 18 detenidos. No conviene detenerse en este segundo Casanova. Era un juramentado, o sea, un trepa u oportunista. Por el contrario, Valls es el último afrancesado político: reformista, patriota -en cuanto que liberal- y poco amigo de los excesos y del programa del Club de los Iguales.

Se dirá que Valls apura un penúltimo sorbo de notoriedad. Pero el acierto de Cs con su propuesta lo demuestran las descalificaciones hacia su figura. Su partido fue arrasado en las urnas, él perdió las primarias socialistas y no encontró acomodo en las filas de Macron. Excepto esto último, el resto de reproches quizás hablen peor de la deriva de la que fue su formación que del ex primer ministro, que no ha renunciado a ninguno de sus principios mientras se hundía su partido. En cierto modo debió pensar lo mismo que Sócrates -el futbolista brasileño-, que para sobrellevar el abatimiento de su talentosa selección cuando la aguerrida Italia la apeó del Mundial’82, exclamó en voz alta: “Peor para el fútbol”.

Macron y Valls tienen el discurso más combativo, compacto, firme, pulido, mordiente y vibrante acerca de las amenazas que representa el supremacismo en Cataluña. No dudan ni contemporizan. Bienvenidos sean los patriotas afrancesados para preservar la libertad de los españoles y los valores que fundaron Europa.

Javier Redondo (El Mundo )