Con el culo al aire

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Con el culo al aire.

Si en una familia el padre es un alcohólico, la madre regenta un prostíbulo , uno de sus hijos es un chapero y la menor se pincha,  no hay por qué generalizar y señalar también con el dedo a los otros  miembros de la familia y a sus cuñadas, que dedican su sabiduría y su tiempo a hacer cosas que no tienen que ver con esos asuntos, pero eso no quita para que la gente murmure, porque vivimos en un país en el que… lo que se hace en la intimidad acaba apareciendo en la plaza pública.

Por eso creo que ocultar los oficios o disimular las aficiones no conduce a nada, porque al final   si alguien roba en España y encima es un político, no lo salva ni la caridad, porque hasta a Zinedin Zidane se le ve el culo cuando salta más de la cuenta,  si su equipo va ganando.

Cuento esto a propósito del penúltimo sucedido del Ministro del PP, José Manuel Soria , o de su compañero de partido José Torres Hurtado, alcalde de Granada, detenido por corrupción urbanística, o de  otros personajes famosos que buscan explicar  sin conseguirlo, que no sabían cómo,  cuándo y, mucho menos,  por qué tenían una cuenta corriente en Panamá,  al tiempo que se declaraban personajes ejemplares y criticaban a los otros golfos de la acera de enfrente.

Si a esto añadimos el caso de Mario Conde, experto en el trinque a través de la ingeniería financiera, la única explicación plausible que se me ocurre es que todos saben que,  si te pillan,  de la cárcel se sale pero de la pobreza no,  y prefieren defraudar a ser parados de larga duración.

Unos son políticos y otros no, y aunque la justicia debe ser igual para todos, los primeros deberían irse a su casa sin esperar a que nadie se lo pida, porque dimitir es la primera obligación del funcionario público que delinque o está bajo sospecha de haber incumplido la ley.  No entiendo que en el PP, que es donde están saliendo más casos de corrupción, no echen a latigazos de sus templos a los ladrones y fariseos que tienen entre sus filas.

No tiene un solo pase y mucho menos justificación la permisividad, la comprensión o la tibieza con la que reaccionan, porque es preferible que echen a un sospechoso de corrupción, aunque luego se demuestre que es inocente,  a que lo  mantengan hasta que la justicia dictamine que es culpable. Los cargos públicos no son puestos de trabajo, son encomiendas de servicio, aunque casi todo el mundo sabe que esto es otra trola.

A veces escribo sobre estos temas, pero hace algún tiempo que pongo mi imaginación a trabajar en otros asuntos que tienen más que ver con la vida de la gente decente o el arte de los creadores de ilusiones.

Eso no quiere decir que no me interese el drama de la sociedad en la que vivo, pero después de años darle cuartelillo a la mediocridad  institucionalizada de gentes que en ocasiones representan la ausencia más palmaria dignidad moral  porque  están instalados en el cutrerío nacional, a veces para desintoxicarme, hago política con mis palabras eligiendo otros asuntos más dignos.

Diego Armario

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