Convergència agoniza devorada por sus propios fantasmas

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Convergència agoniza devorada por sus propios fantasmas

La CUP es sólo el último de los monstruos que han crecido a la sombra de la obsesión de Mas por alcanzar a cualquier precio en el poder, y si hoy Convergència agoniza es porque sus suicidas añagazas oportunistas vienen a cobrarle las facturas.

Cuando en 2006 el tripartito volvió a sumar, en aquella ocasión con Montilla de presidente, Mas y su equipo fueron a destruir al PSC y a ERC, y para ello usaron a Ciudadanos y a la formación independentista Solidaritat, liderada por Alfons López Tena y Joan Laporta.

Que ahora Mas se queje del anticatalanismo de Albert Rivera es de un muy especial cinismo si tenemos en cuenta que fue precisamente el aparato mediático de Convergència quien favoreció la promoción del entonces emergente partido, cediéndole espacio y protagonismo para marginar al Partido Socialista, que nunca cuestionó la normalización lingüística, ni la necesidad de reformar el Estatut, y que tenia un considerable sector dispuesto a asumir las tesis del soberanismo moderado.

Pero patriotismo de Mas ha estado siempre mucho más circunscrito a su persona y a su partido, y nunca le importó jugar con lo que no tenía repuesto si creía que de este modo le sería más fácil, y más inmediato, llegar al poder.

Por eso fue capaz, con tres meses de diferencia, de forzar a Maragall a aprobar un Estatut de máximos (septiembre 2005) y de ir a La Moncloa (enero 2006) a rebajarlo con Zapatero, bajo la incumplida promesa del expresidente del Gobierno de que el PSC apoyaría la investidura del candidato más votado.

Por este mismo patriotismo personal, amenazó a Esquerra con el escarnio público si no aceptaba la candidatura unitaria para concurrir a las elecciones autonómicas del pasado 27 de septiembre; pese a que Junqueras le insistía en el demostrado hecho de que por separado obtendrían más diputados. Mas prefería que el independentismo obtuviera peores resultados a correr el riesgo de perder las elecciones y de que su presidencia se viera cuestionada.

Que es exactamente lo que consiguió, como siempre que nos asustamos y nos dejamos llevar por el miedo, y provocamos el desenlace de lo que queríamos evitar. Y así Mas, de tanto presionar a Esquerra, y de tanto darle a cancha a la CUP para contrarrestar el crecimiento de los republicanos, acabó viendo como los antisistema, tan mimados, consentidos y patrocinados por Convergencia, exigían su cabeza y se la cobraban, a cambio de unos acuerdos de gobernabilidad que en modo alguno han respetado, con el remate final de haber presentado una enmienda a la totalidad a los presupuestos de Junqueras/Puigdemont.

Convergència recoge lo que Mas sembró. El independentismo se desmorona no porque la idea sea ilegítima, o imposible de llevar a cabo, sino porque su propaganda es pensamiento débil dirigido a un país desarticulado y a una gente igual de débil y pachanguera, y de poco dada a los grandes sacrificios. Vivimos muy bien, al fin y al cabo.

Lo normal sería que un Govern que dice que va construir un Estado nuevo, y que al final no tiene ni para aprobar los presupuestos, convocara elecciones en clara asunción de su fracaso. Pero en este procesismo de mediocres y farsantes es perfectamente posible que a nadie le importe hacer el ridículo otro año.

Costaría convencer a un marciano de que Rajoy es el verdadero enemigo del catalanismo.

Salvador Sostres ( ABC )

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