CORTAR SEIS CABEZAS DE HIDRA

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CORTAR SEIS CABEZAS DE HIDRA

Los sofistas veían en todas las leyes algo arbitrario. El pueblo los aclamaba hasta que Platón, desde el jardín donde se guardaban los huesos de Pericles -no se podía entrar si no se sabía Geometría- les llamó mercaderes de artículos del alma. Platón empleó la mayéutica o el método de la parteras para descubrir la coherencia de la verdad. La mayéutica, con toque de ironía y prudencia, es la que empleó Mariano Rajoy en su pregunta a Puigdemont.

Ante la confusión, barullo y desconcierto provocados por el estilo enrevesado y tramposo de sofista empleado por Puigdemont, el presidente respondió con estilo cartesiano, requiriendo al president que se aclare. Luego, han dicho que sus palabras fueron una amenaza, un ultimátum, cuando no fueron sino un cumplimiento al pie de la letra del 155: (“…el Gobierno, previo requerimiento al presidente de la Comunidad Autónoma…”). Les dan a los rebeldes de plazo hasta el lunes 16 para que contesten si han declarado o no la república; y hasta el 19, para que confirmen si vuelven o no a la legalidad. Aún no se sabe qué va a ocurrir, pero surgen voces enérgicas que exigen castigo a los golpistas. “Hay que descabezar la hidra -me dice un empresario cercano al PSOE-. De sus muchas cabezas, cortar por lo menos seis: Puigdemont, Junqueras, Trapero, los dos JordisForcadell“.

Mi fuente de Canaletas explica que vivimos un choque entre dos culturas, dos lenguajes. “Puigdemont hizo una obertura de juego vista como insuficiente por los poderes del Estado y juzgada severamente por el ala más radical del soberanismo. Es un signo de matriz a la catalana, en la que los pactos, a veces bizantinos, son habituales. Tradición muy civil, a la italiana. Enfrente hay un Estado de matriz castellana, adusto, con un Rajoy presionado por todas partes entre el núcleo duro de la España profunda y las advertencias europeas de moderación”.

¿Mano dura, manu militari, blandura, pactismo? Ésas son las cuestiones. Borrell, que le está quitando focos a Pedro Sánchez, dijo el otro día que hay que dejar el buenismo y recordar a Carles Puigdemont que le pueden caer encima muchos años de talego.

El vocablo buenismo aún no está en el diccionario. Se emplea en plan despectivo o satírico para burlarse de la generosidad impostada o la hipocresía de corrección política. Pero sólo hay dos maneras de solucionar el caos, por consenso o por violencia.

Los clásicos de la estrategia avisan de que en una situación peligrosa, como es un intento de secesión, los peores errores son los dictados por los buenos.

Raúl del Pozo ( El Mundo )

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