Cortejo fúnebre

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Cortejo fúnebre.

Pedro Sánchez ha iniciado un desvergonzado cortejo de Albert Rivera, que veremos aumentar en los próximos días, no por amor, sino por interés. Puro y duro. En ello le va no solo la posibilidad de presidir el Gobierno, sino el liderazgo de su partido, la escasa credibilidad que aún conserva y hasta la vida política. El asedio amenaza con derivar en acoso.

El candidato socialista necesita desesperadamente implicar de algún modo a Ciudadanos en su pacto de perdedores por tres razones. Primero, para blanquear con la presencia de los centristas el respaldo determinante de una formación como Podemos, populista, extremista, dudosamente democrática, financiada con dinero oscuro y dispuesta a trocear la soberanía nacional por comunidades autónomas. Segundo, para rematar su pretensión de escenificar en el Congreso de los Diputados el total aislamiento del PP, que se quedaría solo, o a lo sumo en compañía de algún grupúsculo menor, votando «no» a su investidura. Tercero, aunque no menos importante, para no traspasar la línea roja señalada por el comité federal, y en especial por algunos barones, opuestos a poner la bandera del puño y la rosa en La Moncloa a costa de abrazarse al separatismo.

Ciudadanos ya ha dicho «no» públicamente a la proposición deshonesta de Sánchez, a través de Girauta y de Rivera. No a cualquier fórmula en la que participe Podemos, activa o pasivamente. No a cuestionar España. Es una respuesta basada en los principios que sustentan al partido, y también una respuesta inteligente. Saben que aceptar ese cortejo significaría convertirlo en un último cortejo fúnebre.

Isabel San Sebastián ( ABC )

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