Cosas que no importan 3 /Mala gente sin fronteras

manuelañ

Cosas que no importan 3 /Mala gente sin fronteras

Las abuelas no son esas señoras mayores y bonancibles que se preocupan de sus nietos y echan pan a los pájaros.

Tampoco son unas cuenta cuentos que enseñan a los pequeños las moralejas de la historia que vivieron, ni emulan siempre a las hadas buenas, porque cuando uno de pequeño y de joven no ha sido buena persona, por más que cumpla años y acumule experiencia, no mejorará ni aprenderá a ser compasivo, porque casi todo se perfecciona con la edad, y la maldad… también .

Como verán quiero desmontar el mito de que los niños y los viejos son buenos por naturaleza, porque yo los conozco malvados, y diré más : los viejos que hacen daño comenzaron a entrenarse en esa carrera sin límite cuando eran pequeños.

Como estos días estoy escribiendo sobre ” cosas que no importan” tiraré de metáforas para inspirarme y describir a esos seres que maquinan cómo hacer el mal por vocación, sin olvidarme de que no hay nada más peligroso que un malvado tonto, porque éstos, como las escopetas de feria, disparan sin apuntar y pueden herir a cualquiera.

Yo cuando veo a un viejo malencarao me lo imagino de niño y pienso que ha llegado a ser lo que es porque no tenía alternativa.

¿ Se imaginan ustedes a Stalin, a Hitler, a Pinochet o a Fidel Castro cuando eran niños?

¿Creen que ya en su infancia apuntaban madera de represores, liberticidas y asesinos ?

Yo estoy persuadido de que se fueron entrenando cuando eran pequeños y que al llegar af una edad madura, o a la vejez, habían perfeccionado su insensibilidad frente al dolor ajeno.

Todo esto me hace pensar que los dictadores vocacionales podían organizarse en una asociación, bajo el título de ” mala gente sin fronteras “, porque existe masa crítica suficiente para conseguir una notable afiliación.

De los dictadores que he conocido personalmente me viene a la memoria Fidel, que supo organizar en la isla los Comités de Defensa de la Revolución.

Los miembros de estos comités eran unos delegados vecinales o de barrio que espiaban a los que vivían puerta con puerta, escuchaban sus conversaciones y posteriormente los denunciaban ante el partido conunista, si les habían descubierto algún comentario o conducta de desafección al régimen .

Como todo está inventado una anciana de Madrid, a la que conozco, ha pensando que no es mala idea hacer algo así en nuestra ciudad , y tiene la intención declarada de organizar esos comités convirtiendo a los vecinos en policías e incluso en jurados para que unos detengan y otros juzguen y sentencien a los disidentes.

Observarán que lo que estoy contando es un cuento de cosas que no importan, entenderán que todo esto es producto de mi imaginación, y además no es cierto que existan viejos malvados, ni niños con vocación de ser como ellos cuando alcancen la necesaria edad o velocidad de crucero en el arte de robarles la felicidad a los demás .

Diego Armario

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