CREO AL MINISTRO

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CREO AL MINISTRO

HAY ministros de Mariano Rajoy que parecen desplazarse por las calles de la España del Siglo XXI en coche de caballos conducido por un criado con librea. La imagen no es mía. Un político me la ha prestado y es útil para resumir en un grabado clásico la distancia que a menudo separa al Gobierno de la calle. Dicho de otra forma, los ministros del PP han tenido y tienen algunas dificultades para hacerse cargo del estado de ánimo de la sociedad española.

Por eso resulta reconfortante que el ministro de Justicia se haya puesto del lado de la víctima de La Manada. Y no del lado de La Manada. Ni del juez del incalificable voto particular que pidió la absolución con el argumento de que la denunciante de violación no sólo no sufrió, sino que pudo disfrutar. Sobre Rafael Catalá han caído rayos y centellas por decir que el juez del voto particular tiene “un problema singular” que sus colegas conocen.

 Somos muchos y muchas los que hemos pensado -en el uso de nuestra libertad de pensamiento y de expresión- que el citado juez tiene algún “problema” en su percepción acerca de las emociones y sentimientos de las mujeres. Un “problema” que conecta con la mentalidad “singular” de la época de los coches de caballos. Se trata de creer a unos o a otros. El juez creyó a los cinco de La Manada y no a la víctima. Sus colegas han cerrado filas y creen en el juez. Yo creo al ministro que se ha bajado del coche de caballos.

Las asociaciones judiciales y el CGPJ se han escandalizado. Alarma de Estado. Otra más. ¿Dónde se ha visto? El ministro de Justicia, contra la división de poderes. Es importante la división de poderes. Aunque también es importante que un ministro muestre empatía y sensibilidad hacia las mujeres cuando reclaman tolerancia cero con la violencia sexual. Y es alarmante que el órgano de gobierno de los jueces pida la dimisión de Catalá y no diga ni pío del contenido del voto particular que ha escandalizado a medio mundo.

El alcance y la extensión del debate sobre La Manada, que incluye tanto polémicas presuntamente intelectuales como expresiones patológicas del machismo más grosero, no son más que la demostración de que el “Basta ya” de las mujeres ya es el espíritu de la época. Como todas las grandes transformaciones sociales, está encontrando algunas resistencias. Resistencias lógicas y naturales porque cambiar las mentalidades no es cualquier cosa.

Pero lo relevante es la corriente de fondo. Y ésa, queridos todos, es imparable.

Lucía Méndez ( El Mundo )