CUCHILLOS LARGOS

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CUCHILLOS LARGOS

Así que la horizontalidad digital era esto: en el canal Telegram de Carolina Bescansa, co-fundadora de Podemos caída en desgracia tras los felices días de Vistalegre-1, pudimos ver durante ocho minutos un presunto plan para destronar a Pablo Iglesias, líder absoluto del partido desde Vistalegre-2. De un castillo a otro, como escribiera Céline: de la unidad de los orígenes al faccionalismo de las postrimerías. Por el camino, una inevitable pérdida de credibilidad y el aire inconfundible de las promesas incumplidas. Lo que deja a disposición del público valiosas advertencias sobre el riesgo de ser devorado por el propio mito después de haber hecho lo más difícil: crearlo.

Bescansa ya había chocado con Iglesias a cuenta del discurso del partido sobre la cuestión catalana, llamando la atención sobre la dificultad que tendrá que explicar en Albacete lo que se ha dicho en Vilanova i la Geltrú. También Íñigo Errejón, derrotado primero y rehabilitado después, ha generado turbulencias internas debido a su natural deseo de controlar las listas con las que concurrirá a las elecciones en Madrid. Sobre la naturaleza última de su indisciplina, sin embargo, nada se sabe: la leyenda que retrata al antiguo número dos como el paciente urdidor de su propio futuro contrasta con la disciplina con la que parece aceptar los desplantes de su vallecano líder. Para colmo, el secretario general del PSOE madrileño ha tirado los tejos electorales a Manuela Carmena.

En fin, Podemos ha completado estos días el camino que va de la excepcionalidad a la normalidad e incluso la vulgaridad partidista. Tras arruinar su fachada de transversalidad pactando con IU y comprobar mientras tanto que cada proceso participativo concita menos entusiasmo que el anterior, sufre ahora las consecuencias un cesarismo debilitado por las encuestas: si hubiera sorpasso a la vista, el partido sería una balsa de aceite. Regresa así la pregunta acerca de si Podemos es una expresión de la crisis de los partidos o bien un partido de crisis, cuya vitalidad depende de la mala salud socioeconómica: cuanto mejor, peor.

Sea como fuere, su historia empieza a narrarse en modo subjuntivo: si se hubiera dejado gobernar a Sánchez, si el problema secesionista no existiera, si no hubiéramos pactado con IU. Y no descartemos que, igual que los presidentes norteamericanos combaten su impopularidad empezando guerras en países lejanos, Iglesias haga lo que más le gusta hacer: echarse a la calle megáfono en mano. A ver quién le sigue.

Manuel Arias Maldonado ( El Mundo )

viñeta de Agustín Muro