DALÍ NO ES PAPÁ

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DALÍ NO ES PAPÁ

Entre las numerosas pirotecnias que firmó en vida Salvador Dalí, la mejor es la que ha perpetrado con su falsa paternidad unos años después de muerto. Las pruebas de ADN confirman que la pitonisa Abel no es hija del escritor (y pintor), según estaba previsto. Dalí poseía el nervio sexual de una ameba. Y con ese patrimonio no es fácil dejar dispersa mucha mercancía. Que yo recuerde, Dalí sólo se ciñó a la lógica una vez en la vida: el día en que se reconoció como un nacionalista catalán de derechas coronado con la barretina. El nacionalismo es cosa muy carca.

No hay duda de que fue un genio excelso y un ser políticamente repugnante. También expresó fascinación por Hitler. A lo mejor todo era una burla. En él la provocación de gesto o de palabra tiene más fuerza que la pintura. El día de 1981 en que conoció a Jordi Pujol, en una suite del hotel Meurice de París, el artista lo saludó con un sonoro pedo. Algo se olía.

Ahora que el independentismo apedrea desde el Parlament los últimos escaparates y se dispone a gobernar contra más de la mitad de los catalanes, Dalí regresa desbara- tando el complot vidente de su paternidad, que es otra risa. Abandonó la escuela de BretonÉluard Aragon para ser el más surrealista de todos. Y no ha perdido ese pulso ni de cadáver.

Si no fuese porque hablamos de cosas serias, al canódrono del secesionismo le vendría bien un Dalí, alguien capaz de no tomarse en serio la estupidez y defender la abstracción de la locura por encima de cualquier sentimiento de patria. Porque una cosa es estar tronado y otra muy distinta inventarse patrias. El celo de amor ciego por un terruño es el más decorativo, vulgar, estrecho, violento y cursi de los derrapes sentimentales del ser humano.

A Dalí no se le entendía casi nada, pero cuando lo lees es posible comprender que todo en él estaba cargado de sentido. Porque decía burradas para divertir a ricos, está claro; pero no solía fallar cuando se ponía extrañamente serio y soltaba certeras animaladas subconscientes para todos. Ahora que Dalí no es papá, a ver cómo justifican los independentistas este Titanic tan reaccionario.

Antonio Lucas ( El Mundo )