Dan alipori

cambiado

Dan alipori.

Posiblemente no tenga ningún coste electoral  entre los suyos que deben estar felices con tanta mariconada, pero la pérdida de tiempo y de dinero que nos está suponiendo a todos los españoles la historia de amor y desamor entre Pedro y Pablo, transmitida en sesiones de posados,  fotos,  caídas de ojos, sonrisas  enternecedoras, paseos y regalos,  empieza a resultar “jartible”.

En España hemos tenido de todo durante estos años desde que comenzó la tan denostada transición, pero nunca habíamos presenciado una historia tan cursi y rayana en lo ridículo que da alipori.

Pablo ha convencido a Pedro  que la televisión ha sustituido a los partidos políticos y a la democracia y por eso, aunque luego no hablen de nada ni avancen en sus pretensiones de conseguir un pacto, se pasean sonrientes y chupan cámara en los telediarios.

Estos no son políticos de fiar. Son dos capullos  que se han creído que hacer política en un país serio consiste en dar ruedas de prensa en vez de tomar decisiones que sirvan para mejorar nuestra situación.

Pedro, el guaperas con cara de simple, y Pablo  el macarra con vocación de predicador, saben que no pueden formar gobierno porque no cuentan con suficientes apoyos y que, si lo consiguieran con los votos de separatistas y de los contemporizadores de la violencia, el resultado sería muy frágil.

En cualquier caso  de lo que se trata es de no hacernos perder más tiempo y dinero a los españoles si ya saben que esas negociaciones están destinadas a fracasar.

Las elecciones anticipadas nunca se imaginaron como una buena solución pero sí como un mal menor, y aunque nadie sabe lo que sucederá si se convocan en junio, este periodo de tomadura de pelo a los ciudadanos que nos están haciendo  soportar Pedro y Pablo, puede llevar a algunos futuros votantes al hastío ya la abstención,  y a otros que les prestaron sus votos  a hacerles pagar su lamentable gestión de este tiempo de posados.

En el camino quedan engaños, ambiciones, mentiras y sueños de incoherencias, pero eso es normal entre actores de reparto que sueñan con ser protagonistas sin merecerlo.

Diego Armario

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