DEFENDER LA LEY ALLÍ, APLICARLA AQUÍ

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DEFENDER LA LEY ALLÍ, APLICARLA AQUÍ

Cabe felicitarse de que Ana Pastor, presidenta del Congreso, y Pío García-Escudero, presidente del Senado, aprovecharan su presencia en la V Conferencia de Presidentes de Parlamentos Europeos que se celebra en Tallin para combatir la insidiosa propaganda que el independentismo ha sembrado con éxito en la opinión pública europea. Del “mayor ataque sufrido por la democracia española”, como acertadamente lo definió la presidenta de la Cámara Baja, solo nos puede defender el imperio de la ley y el compromiso firme de nuestros socios europeos.

En primer lugar porque la grandeza de Europa reside en la protección de los derechos políticos de sus ciudadanos por encima de cualquier consideración étnica, nacional o cultural. Y en segundo lugar por el “peligro de contagio” del que previno ayer el presidente de la Cámara Alta, quien reclamó una “lealtad mutua” en la que es fácil advertir reproche a la infausta decisión del tribunal de Schleswig-Holstein. Ser socios del proyecto europeo significa asumir como propio el problema de tu vecino y actuar en consecuencia.

De este modo, el Poder Legislativo se suma al Poder Judicial como garante de la unidad de España y defensor del Estado frente a la agresión secesionista. No sería justo afirmar que el tercer poder, el Ejecutivo, ha estado completamente ausente del campo de batalla. Pero puede hacer mucho más. Si el líder de la oposición, Pedro Sánchez, defendió los intereses españoles en Alemania e Inés Arrimadas ha hecho lo propio en Bélgica, se nos antoja lógico y urgente que Mariano Rajoy asuma en primera persona la defensa de la democracia española en el exterior. No hay una emergencia mayor que la amenaza de la soberanía y de la unidad, por más que quizá a Rajoy le parezca más acuciante terminar de atraerse el respaldo del PNV a los Presupuestos.

Desconsuela la ignorancia europea respecto de la verdadera naturaleza antidemocrática del procés. Puigdemont va camino de improbable icono de libertador posmoderno, cuando es el irresponsable cabecilla de un golpe que ha destruido la estabilidad política de su tierra, ha polarizado la sociedad y ha desatado un clima de opresión asfixiante contra quienes no piensan como los matones callejeros que se autodenominan CDR. Están logrando que los constitucionalistas revivan el miedo que dominó las calles vascas durante décadas.

Ayer el secretario de Organización del PSC denunció una pintada intimidatoria en su domicilio, del mismo tenor que la que manchó la sede de Cs en Hospitalet, y las del PP en otras ocasiones. El odio se extiende a guardias civiles -como los que han denunciado el acoso a sus hijos en la escuela-, así como a periodistas destacados por su lucha contra el nacionalismo. Todo esto nos suena demasiado. Suena a libertades cercenadas por la intolerancia ideológica. Y el deber de atajarla corresponde al Gobierno que aplicó el 155.

El Mundo