El descontrol en El Prat ha llegado mucho más lejos de lo admisible

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El descontrol en El Prat ha llegado mucho más lejos de lo admisible.

La dejación de responsabilidades y la falta de decisión mientras las situaciones se van pudriendo nunca es buena estrategia, porque los conflictos se enquistan, los perjuicios se multiplican y, al final, hay que adoptar medidas de carácter extremo.Es lo que ha ocurrido en el aeropuerto de El Prat ante el conflicto laboral de los trabajadores de los controles de seguridad.

Los paros intermitentes iniciados a principios de mes -en plena operación salida- se tornaron enseguida en claros abusos que no sólo han provocado enormes retrasos, largas colas de espera y la pérdida de miles de vuelos, sino que también han afectado a algo tan sensible como la seguridad, inadmisible en un contexto como el actual de preocupación mundial por el terrorismo. De ahí que Aena -la sociedad estatal titular de los aeropuertos españoles-, la Generalitat -la Administración competente en conflictos laborales en Cataluña- y el mismo Gobierno de la Nación tendrían que haber actuado con decisión antes de que las cosas llegaran tan lejos como han llegado en El Prat.

El Ejecutivo se ha visto al final obligado a adoptar una medida sin precedentes como la de ordenar que a partir del lunes efectivos de la Guardia Civil sustituyan a los trabajadores en huelga. Lo anunció ayer el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, al término de la reunión del comité de crisis establecido para abordar un conflicto que ha adquirido tintes graves por la actitud intransigente y bastante irresponsable del comité de los trabajadores de Eulen, la empresa subcontratada por Aena en El Prat. El jueves demostró una absoluta falta de respeto hacia la labor de mediación de la Generalitat en la Asamblea en la que se rechazó una propuesta bastante realista que suponía un incremento salarial de 200 euros mensuales.

Cabe esperar un cambio de actitud y que se acabe imponiendo la sensatez para que no sea necesario que los guardias civiles tomen el control de la línea de pasajeros y equipajes. Para ello, los trabajadores deben desconvocar la huelga indefinida de 24 horas anunciada. Por lo pronto, es buena señal que a última hora de ayer decidieran volver a votar mañana en asamblea la propuesta mencionada. En todo caso, el Gobierno cumple con su obligación al imponer medidas que garanticen la absoluta seguridad, y que permitan el funcionamiento de un sector estratégico. Por ello, De la Serna también avanzó que la Abogacía del Estado ya prepara los informes pertinentes para determinar cómo podría establecerse un laudo de arbitraje obligatorio con el que se impondría una solución para finalizar el conflicto.

Hay que subrayar favorablemente el cambio de actitud del Govern en este asunto, preocupado sin duda por el grave perjuicio que la situación en el Prat está causando a los intereses de Cataluña y a la imagen de Barcelona en el exterior.Ayer se mostró dispuesto a hacer frente común con el Gobierno para acabar con esta crisis y ofreció la ayuda de los Mossos d’Esquadra, que podrían participar en la vigilancia de algunas zonas públicas para evitar posibles incidentes.

Esa colaboración entre administraciones es fundamental, y se ha echado en falta durante demasiados días. Porque el Govern ha buscado el ventajismo en el conflicto hasta que se le ha ido de las manos, haciendo mientras ha podido dejación de su responsabilidad de mediación y usando la crispación social para arremeter contra el Estado. Una irresponsabilidad que se enmarca en la estrategia independentista en la que todo les vale a algunos para atacar la imagen de España.

Quien volvió a descolgarse ayer con otra petición descabellada fue la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, instando a que El Prat sea gestionado por su Ayuntamiento y la Generalitat. Un disparate que no se sostiene desde el punto de vista de la eficiencia y de la coordinación estratégica aeroportuaria nacional, y que añadiría caos. Justo cuando de lo que se trata es de solucionar una situación caótica tan preocupante como perjudicial para el turismo y la economía.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor

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