Desechos de tienta

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Desechos de tienta

En política también hay desechos de tienta,  que en el argot taurino, que tanto les molesta a  los que voy a referirme en estas líneas, son aquellas reses rechazadas por su escasez de bravura en una tienta, y que en vez de ser sacrificadas son cedidas a un taurino cualquiera, que fundará con estas sobras una nueva ganadería, y así sucesivamente rebajándose cada vez más la poca sangre brava que les queda.

Encajan perfectamente en esta metáfora Alberto Garzón y Francesc Homs, dos personajes de tercera división que proceden de partidos que algún día tuvieron entidad y reconocimiento  social y político, hasta que ellos colaboraron activamente en hacerlas desaparecer o situarlas en la irrelevancia.

Francesc Homs pertenece a la extinta y corrupta Convergencia Democrática de Cataluña, que fundó Jordi Pujol, y Alberto Garzón es el puntillero de Izquierda Unida.

Pues bien estos dos  desechos de tienta, haciendo una exhibición propia de  mejor causa y mayor hidalguía, han aprovechado la audiencia con el Rey que les convocó a consultas previas a la investidura, para trasmitirle sendas amenazas.

Garzón le ha advertido que no tolerarán que sea investido el candidato del PP y que para demostrarlo rodearán el Congreso con sus huestes, y el catalán le ha hecho saber al jefe del estado que en su partido  seguirán pasándose por la entrepierna cualquier decisión legal sobre Cataluña que emane del Parlamento o del Tribunal Constitucional.

En román paladino, e ignorando que el Rey reina pero no gobierna ni toma decisiones que le corresponden al poder ejecutivo, le han advertido que ponga firmes a los partidos constitucionalistas porque, en caso contrario, ellos ejercerán de matones.

Ya es tarde para explicarles a estas dos pichas flojas  especialistas, en hundir a sus propios partidos, lo que es la democracia, y también llegamos a destiempo si esperamos de ellos un mínimo de educación y buenas maneras, pero siempre se les podrá explicar  que los segundones en la Edad Media, en vez de  ir  la milicia,  privilegio reservado a los primogénitos que eran nombrados caballeros, les correspondía tomar los hábitos monacales.

No sería un mal sitio para un descreído y para un iluminado.

Diego Armario

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