DESMONTANDO A SÁNCHEZ

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DESMONTANDO A SÁNCHEZ

Nueve minutos duró la intervención Pedro Sánchez -rostro pétreo, ceño fruncido- en la sala de prensa de Ferraz tras la ejecutiva socialista. Tiempo insuficiente para explicar dónde quiere llegar el PSOE, pero más que de sobra para encontrar contradicciones, ambigüedades, inexactitudes y alguna mentira. En tan sorprendente intervención no podía faltar el tópico de los tópicos en estos días: «el reloj de la democracia».

En su discurso Sánchez criticó la «cerrazón» de Rajoy y le acusó de «inmovilista». Ese es el argumento teórico que «obliga al resto de partidos a hablar» y que justifica su nueva ronda de contactos. Sin embargo, para convencer a C’s, Rajoy ha tenido que moverse bastante, por lo que su crítica es inexacta. Rivera y Rajoy han acordado 150 puntos, y eso implica cesiones por ambas partes. Quien no se ha movido, y ha perdido una excelente ocasión para ser influyente, ha sido Sánchez.

Dijo Sánchez que «es la primera vez en la historia de la democracia que un candidato que va a su investidura con más apoyos de los que sale. Entró con 170 y salió con 137». Como es sabido, en las dos votaciones de Rajoy sumó 170 síes, gracias a Ciudadanos y CC. La sesión se clausuró inmediatamente después de la segunda votación, después de que 33 personas ajenas al PP votaran «sí» a Rajoy. ¿Quiere decir Sánchez que Rivera y Oramas no apoyarán más a Rajoy? Eso está por escribir, pero Sánchez lo da por hecho.

Sánchez insistió en que en su ronda de contactos también llamará al PP. Lo dice después de que hace 8 días considerara «perfectamente prescindible» la reunión con Rajoy y al a vez que establece un cordón sanitario en torno al PP: «En España hay dos bloques: uno de partidos que se identifican con el cambio y el bloque de un único partido que quiere que nada cambie».

La estrategia que ayer planteó Sánchez ha conseguido el unánime rechazo de PP, Podemos y C’s. El argumento es el mismo: está haciendo electoralismo. Si él mismo insitió ayer en que «no me estoy postulando, que quede claro», ¿dónde quiere llegar? Sánchez no expresó sus verdaderas intenciones, o al menos fue calculadamente ambiguo.

Juan Fernández-Miranda ( ABC )

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