EL DINERO Y LA ÉPICA

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EL DINERO Y LA ÉPICA

A Carles Puigdemont solo le queda la convulsión social como argumento de autoconvicción en su insensatez. Aunque la fatuidad y petulancia del personaje adornen su performance para hablar al Rey de «tú» con ese despectivo «así no», solo le quedan los incondicionales de la algarada y la agitación propagandística, y los convencidos de que su utopía separatista es una pulsión real basada en la épica de un delirio. Por cientos de miles o millones que sean, hay más cientos de de miles, o millones, con una bandera de España colgada en su balcón en busca de ese Estado defensor que se invoca, y que solo aparece a espasmos intermitentes guiados por un sentimiento de indefensión ciudadana.

España, y Cataluña como parte de ella, viven en un estado de zozobra emocional anhelando el despertar de un mal sueño en la esperanza de que dentro de unos meses, al mirar atrás, nos digamos que todo fue mentira. Difícil. España, y esa parte de la Cataluña silente entre bostezos que ha hibernado cuatro lentas décadas mientras el separatismo tejía su chantaje, siguen a la espera de una reacción contundente que ponga a los secuestradores de la ley a buen recaudo.

Conviene prepararse mental y emocionalmente para un drama. Es la fase terminal de un cáncer en el que la metástasis no tiene nada más que corroer. Será difícil que pueda manipularse más a ese niño de cinco años al que su «maestra» exija avergonzarse de su propio padre por ser policía. «Hacer política» en «mesas de la fraternidad» para fomentar el «diálogo» está bien como argumento para tranquilizar conciencias. Pero esto ya solo consiste en reponer la legalidad tenga el coste sentimental que tenga.

El Estado no puede ser un druida experimentando con tubos de ensayo en la noche de los tiempos. Es complejo. Pero la invocación sistemática de la ley tiene ese problema… que exige moralmente su ejecución. Y no son el alma, el orgullo rupturista o esa épica de lo prohibido lo que condicionan la solución. El dinero por fin habla. Son el bolsillo, y ese desasosegante temor a que de puro ego independentista se vaya vaciando, se vaya vaciando…

Manuel Marín ( ABC )

viñeta de Linda Galmor