Discutir hasta las náusea

chorrada

Discutir hasta la náusea.

Cada vez que escucho que hablando se entiende la gente pienso que muchas veces no es cierto porque en algunos casos no depende de los argumentos que se utilicen en la conversación sino de la inteligencia o la honestidad de las personas que discuten.

Antes de que existieran las redes sociales los amigos o conocidos discutían de fútbol, de política, de literatura o de mujeres, lo hacían cara a cara y la conversación tenía un razonable límite de tiempo, pero ahora si un tonto coge la linde y le da por replicarte hasta el infinito, aunque sea a base de decir chorradas, se acaba la linde y el tonto sigue.

La técnica que usan estos ociosos es la de mezclar churras con merinas y evadirse del fondo de la cuestión cada vez que no saben cómo contra argumentar a lo que le has dicho. Si hablas del terrorismo que pone bombas te dicen que un estado que permite la pobreza también es terrorista.

Si el tema de la conversación es la corrupción en Valencia siempre hay alguien que te replica que la de Andalucía es peor o al revés, y si el asunto a tratar es la prostitución no ejercida voluntariamente enseguida surge un tuitero que te responde diciendo que la culpa de que exista la trata la tiene el gobierno porque existen ministros puteros. El nivel intelectual y de rigor de estas discusiones brilla por su ausencia, pero como hay mucha gente aburrida, que lee poco o solo tiene tópicos en la cabeza en vez de ideas, pueden pasarse horas mareando la perdiz de la estupidez hasta la náusea.

De este ejercicio no se libran ni los generales de cuatro estrellas, que son capaces de justificar que Podemos no está en el pacto contra el terrorismo yihadista porque la culpa de sus atentados la tienen los países occidentales que les venden las armas.

Con ese nivel de discusión no vale ningún argumento en contra, solo la ironía o el sarcasmo que, aunque ellos no lo sepan, es una forma de demostrarles el desprecio intelectual que merecen sus patochadas ausentes de rigor.

Hablando de estos temas siempre recuerdo el chiste de dos vascos que habían salido al campo a buscar setas y en el transcurso de la operación uno le dice al otro “Hostias Paxti, he encontrado un Rolex”, a lo que el amigo le responde: “Oye Kepa, déjate de leches ¿ hemos venido a setas o hemos venido a Rolex?”

Cuando en una discusión se mezclan setas con Rolex o churras con merinas, el rigor desaparece, y ése es el truco que utilizan los que en vez de argumentos tienen la cabeza llena de tópicos.

Diego Armario

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