Donde crece el populismo

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Donde crece el populismo

Silvio Berlusconi estaba convencido de que llegó a primer ministro de Italia gracias a la televisión; a sus muchas comparecencias. Gran parte de los canales eran suyos, además. Donald Trump también ha explicado ya que la clave para ocupar la Casa Blanca está en aparecer mucho en la pequeña pantalla. Ahora, Pablo Iglesias renuncia a los clásicos mítines y se propone acaparar desde la carta de ajuste hasta la última redifusión de madrugada. Lo de menos es lo que se diga: al fin y al cabo, los rayos catódicos casi no dejan pensar.

A veces asalta la duda de si el mundo es mejor o peor con ese aparato electrónico que nos calienta las ideas como una estufa y nos enfría el corazón como un congelador. El sorpasso de la izquierda se gesta en la tele, por eso todos quieren estar en un plató. No para arreglar España, sino para convencer a toda esa audiencia que los ve al otro lado y cuyo voto vale, afortunadamente, tanto como el suyo. John Irving lo tenía muy claro: el populismo habita en el medioambiente donde mejor crece, donde funciona la televisión, donde seguro que hay alguien que no está leyendo.

El Astrolabio ABC

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