DUQUESA DE ALGO

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DUQUESA DE ALGO

Sanción de mínimos para Mas, casi administrativa. Levísima caricia de Estado para quien más que un rebelde fracasado es un cobarde que quiso ir de listillo.

Ni Mas cumplió su promesa de organizar un referendo ni es cierto que la democracia sea “poner las urnas” cada cual cuando y donde le dé la gana. Pero tampoco un Estado puede permitir que algunos pollos le chuleen e incumplan los pactos.

Condenado, sí. O más bien condenadito. También el Estado tiene su ternura. Para que luego digan.

Quien no ha tenido piedad ha sido su partido. Su secretaria general, Marta Pascal, le tildó ayer de “pequeño individuo que trabaja para su agenda personal y su proyecto propio”, incluso antes de conocer la sentencia del 9N y en relación a los casos de corrupción que afectan a la Convergència de cuando él mandaba.

También Esquerra le ve como un personaje tóxico, tanto por la corrupción como por sus pobres resultados electorales. El aprecio que le tiene la CUP quedó inmortalizado cuando tras echarle de la presidencia de la Generalitat dijeron que le habían “tirado a la papelera de la Historia”.

Al lado de tan suculentas demostraciones afectivas, ¿qué son dos años de inhabilitación y 36.000 euros de multa? Una nana cariñosa y comprensiva.

Es el eterno problema del catalanismo político, que fenece siempre en las cuestiones previas y no llega nunca a disputar su tan soñado partido contra España. La inhabilitación con que la Justicia ha reprendido a Mas -un cachete en el pompis- es una posdata de lo que ya Cataluña le ha desdeñado, un bis casi innecesario, con las luces encendidas del teatro y el público marchándose.

Es una mala noticia para España que Mas quede descartado, porque nadie como él ha sabido destruir todo lo que ha tocado, desde su partido hasta su presidencia, dejando por el camino tocado de muerte el llamado “proceso” independentista. Por mucho que se esfuerce, difícilmente encontrará el Estado un aliado tan implacable y tan perseverante, tan meticuloso en su eficacia, tan infalible y letal.

Por eso está bien que se despida de él con esta sentencia tan dulce y entrañable, sin prevaricación, para que todo quede en estos dos añitos que los pasa uno como si nada, meciéndose en la épica del mártir. Conferencias, meriendas, tiempo para escribir sus memorias, por lo menos la primera parte.

“Lo volvería hacer”, dijo Mas ayer, como una amante despechada condenada por un crimen pasional. Folclore español de todos los tiempos: cuando más quiere parecer un héroe, más se asemeja a una farandulera exesposa de torero. Cuando en 2019 haya ya penado, en agradecimiento por los servicios prestados, tendrían que nombrarle duquesa de algo.

Salvador Sostres( ABC )

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