Economía de la miseria

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Economia de la miseria.

En los países de la Europa meridional se añade el sobrecoste de la corrupción política. La cual se asocia mucho con la burocracia de los Ayuntamientos, el principal cauce para la obtención de votos y el reparto de dádivas por parte de los partidos. No es casual que en esos países dela Europa meridional no se haya logrado la reducción en el número de municipios que ha tenido lugar en los países centrales y nórdicos de Europa. Por si fuera poco, los partidos emergentes (sobre todo Podemos y sus hoplitas) están todavía más dispuestos al gasto público inmoderado. ¿Se llegará a crear un Ministerio de la Verdad? Los partidos clásicos no se quieren quedar atrás en la apetencia derrochadora. Ya tenemos al Estado con deudas para una generación. Como los niños no votan, no se enteran de lo que les va a tocar cuando crezcan.

Los partidos disponen de sendos economistas que llaman gurús. Parten de la creencia de que, con sus respectivas recetas o ensalmos, saldremos de la crisis. Gran error. Se trata de una enfermedad crónica. La causa fundamental reside en el descenso de la productividad a igualdad de equipo capital. La cuestión es de valores. El más general ahora es que la población se aburre soberanamente (nunca mejor empleado el adverbio) y lo que quiere es entretenimiento. Por eso los ramos económicos que medran verdaderamente son los que tienen que ver con el ocio. Para dignificarlo lo llaman “cultura”, sea espectáculo o gastronomía. Cierto que es necesario y productivo, pero la búsqueda obsesiva de ocio significa el descrédito del trabajo, sea en la producción o en el estudio. Es la nueva forma de miseria económica. Tampoco es tan nueva. Así se desmoronó el Imperio Romano. Claro que tardó varios siglos en hacerlo. Ahora las cosas van más deprisa.

En una situación como la española actual, la expansión del gasto público contribuye a agravar el infortunio material de la población. Es una consecuencia de la ley de rendimientos decrecientes. Funciona, además, la ley de la oligarquía, por la que, a más gasto público, más derroche y más corrupción. Prácticamente todos los partidos políticos se hallan acordes en hacer crecer el gasto público, disfrazado hipócritamente de “gastos sociales” o de creación de organismos reguladores o interventores de toda laya. Así nos va.

Amando de Miguel ( Libertad Digital )

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