El chantaje del perdedor

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El chantaje del perdedor

«¡Este tío dice que el problema más urgente es la reforma de la Ley Electoral! ¿En qué planeta vive?». La voz de un importante empresario español, al que a lo largo de la última legislatura he escuchado bastantes críticas al PP, sonaba tonante al otro lado de la línea telefónica. A él, como a tantos otros potenciales votantes de Ciudadanos, la intervención de Albert Rivera el domingo por la noche lo había dejado anonadado. ¿De verdad pretende regenerar España empezando por buscar un sistema para solventar los problemas de su partido? Pero ¿qué chantaje para negociar con Rajoy es éste?

Por más que se empeñe en denostarla Rivera, España tiene una ley electoral razonable. Una ley que ayuda a reforzar mayorías. ¿Es injusto que a Ciudadanos ocho décimas porcentuales le cuesten perder ocho escaños? Exactamente igual de injusto que fue el que hace seis meses esas ocho décimas porcentuales le representasen ocho escaños. Las democracias consolidadas en Occidente tienen sistemas electorales que priman a los partidos mayoritarios. Cuando se habla de lo que cuesta sacar un escaño, podemos mirar en nuestro entorno al Reino Unido, que parece una democracia bastante consolidada. En las elecciones legislativas de 2015, el UKIP, el partido que puso en marcha el Brexit que triunfó hace cinco días, logró 3,881,099 que le representaron… un escaño. Eso sí que es caro. Pero es una democracia consolidada. En Francia hay un sistema de dos vueltas por el que partidos con un 15 por ciento de voto apenas tienen representación. En Estados Unidos un socialista como Bernie Sanders tiene que buscarse la vida dentro del Partido Demócrata porque sabe que el sistema te impide tener vida fuera de las dos grandes formaciones…

Pero no. Lo que quiere el señor Rivera es un sistema con el mayor número posible de partidos. Un sistema de los que hacen un país ingobernable. Como el que tuvo Italia hasta hace tres lustros. Un sistema con infinidad de partidos con un puñado de escaños que obligaban a formar gobiernos efímeros de los que entraban y salían los ministros un día sí y otro también. Ese sistema que quiere Rivera fue de tanto éxito que hubo que hacer una reforma para convertirlo, básicamente, en un bipartito con múltiples integrantes en cada bando. Así se generó la etapa Berlusconi: uniendo todo lo que estaba disperso a cada lado del hemiciclo.

Después de haber bloqueado la formación de Gobierno durante seis meses, de haberse alineado con el perdedor y de ver el coste que han tenido para él sus sucesivos errores, bien haría Rivera si empezara esta nueva etapa en positivo, reconociendo que ha entendido el mensaje del electorado, y poniéndose a construir la nave de las reformas con los elementos que tiene a su disposición. Y las reformas sólo se podrán hacer con quien lleva tendiéndole la mano desde el 21 de diciembre: Mariano Rajoy.

Ramón Pérez Maura ( ABC )

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