El chiringuito de Mas

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El chiringuito de Mas.

Hay que reconocer que Artur Mas tiene el mérito de conducir Convergència al fracaso. Lo hace con una manifiesta indiferencia ante los sucesivos contratiempos electorales. Es otro ejemplo de un político que vive en una realidad virtual y no le importa la destrucción que provoca su mediocridad exasperante. No hay nada peor que poner a un mediocre y arribista al frente de una institución. El antiguo protegido de la familia Pujol ha demostrado una miopía política similar a la que presuntamente tuvo durante los años que estuvo en el gobierno y fue incapaz de ver, o eso dice, la corrupción que campaba a su alrededor.

La decadencia de CDC es una situación que hace unos años era impensable, pero ahora se ha convertido en una realidad a pesar de las diferentes operaciones de maquillaje emprendidas por el líder “carismático”. El descrédito de la antigua formación mayoritaria es enorme y, desde luego, se lo ha ganado a pulso. Mas era un personaje menor durante los primeros años del pujolismo hasta que fue elegido por la familia Pujol, ya que su padre era un gran amigo y estrecho colaborador del entonces presidente.

Es un ejemplo del más puro clientelismo y el objetivo es que guardara la “finca” hasta que Oriol Pujol pudiera asumir la herencia. A pesar de todo lo que ha sucedido, Mas es inmune a la realidad y ha decidido montar un chiringuito para perdurar en la vida política. Por eso ha laminado a cualquier rival, ha tomado el control del partido, se ha buscado a Neus Munté como número dos porque no le hace sombra y es muy obediente y, finalmente, cambiará el nombre de la formación.

Desde luego no tiene ningún interés en recuperar la centralidad y se ha instalado, como buen converso, en el independentismo. Es todo un enorme despropósito que ha conducido al crecimiento de partidos y movimientos radicales que han laminado a CDC y al PSC, han hecho desaparecer a Unió. Los errores de CiU, la catastrófica gestión de Mas y la crisis económica han creado la burbuja independentista y la irrupción de Ada Colau con el podemismo catalán. Es el balance de la gestión de Mas que sólo está preocupado por seguir en la política y mantener su protagonismo, aunque sea a costa de llevar a su partido con paso firme a la marginalidad.

Francisco Marhuenda ( La Razón )

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