El decoro de los sindicatos

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Si los sindicalistas tuvieran decoro dejarían de convocar el 1º de Mayo.

La histórica jornada de reivindicación del trabajo industrial -nunca se consideró fuerza revolucionaria a los agricultores ni a las mujeres, que se deslomaban en casa y a menudo en el campo- ha alcanzado tal nivel de caricatura que, si tuvieran decoro y vivieran de su trabajo, los propios jefes de los sindicatos llamados obreros dejarían de convocarla.

Pero la mayor parte de los sindicalistas que ayer acudieron a las concentraciones del Primero de Mayo -cuyo número debió de ser tan gigantesco que ya no se cuenta- no ha trabajado jamás, pertenece a ese escogidísimo grupo que, en nombre de los trabajadores, cobra sin trabajar.

Ésta sí que es la ‘aristocracia proletaria’ que Lenin y los ‘revolucionarios profesionales’ de la III Internacional decían que representaba la II Internacional -socialdemócrata o reformista, cuyos dirigentes, a diferencia de los bolcheviques, sí venían de la fábrica.

Pero ni el proletariado fue nunca el Mesías de la Historia que Marx anunció -todas las revoluciones comunistas han sido golpes de mano o guerras civiles, a espaldas de las masas obreras y campesinas, aunque se hicieran en su nombre-, ni los que realmente trabajan en la sociedad actual pueden verse representados por una burocracia sindical que compite en corrupción con la empresarial, porque la comparte. Los ‘cursos de formación’ con que se forran tanto UGT y CCOO como la CEOE, son una de las mayores estafas perpetradas en España.

No es de extrañar, si a la farsa de esos cursos que no se dan se añade lo que trincan juntos de los Presupuestos, la Medalla del Trabajo otorgada por ese émulo de Stajanov llamado Rajoy al líder de UGT, Cándido Méndez, jubilado tras casi cuatro décadas liberado de la maldición laboral. Dicen que Méndez hizo la mili cuando era obligatoria y una carrera técnica cuando era voluntario estudiar. Lo que no consta es que trabajara jamás.

Aun así, este burócrata del socialismo andaluz, cuna de todas las corrupciones, es el Camacho de la Perkins o el Redondo de La Naval (líderes obreros que allí trabajaban) comparado con su sucesor en el sindicato ugetista, un tal Álvarez, que como toda la ‘aristocracia roja’ del sindicalismo catalán es nacionalista y partidario del “derecho a decidir”, o sea de la ruptura de España y de la clase obrera que debía dirigirla. Otro rojillo de bolsillo.

Los ‘sindivagos’ de UGT y CCOO se levantan tres millones de euros con 82.000 delegados ‘fantasmas.

Federico Jiménez-Losantos ( Periodista Digital )

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