EL DEMONIO DE TASMANIA

fake

EL DEMONIO DE TASMANIA

Javier Sardá ha sido durante el procés como el traductor en una película de exploradores y caníbales. Siempre se pierde algo en la traducción, en el tótem y en el miedo al caldero, quizá por eso no lo entendí cuando afirmó en La Sexta que los mensajes de Puigdemont a Comín podían devenir en “catarsis”. Yo pensaba más en berrinches, llantinas, cagaleras, gatillazos (todo con dignidad de trinchera). Pero si a eso lo llamas catarsis, podría ser: ya van muchas. Una de ellas, cuando pudo convocar elecciones pero pesó más la deshonra del botifler y la incomodidad de ser emparedado góticamente, vean dónde nos ha traído.

“Hay un elemento ciclotímico y podría levantarse con más fiereza por estar ahora dolido”, explicaba Sardá como si esperara la cólera de un Aquiles canijo. Esos mensajes de sábado lloroso de amante, un poco Sexo en Nueva York; ese algodoncillo que se le ve de repente, como un osito de peluche descosido, expuesto ante los rudos indepes de trullo y tea, pueden provocar que Puigdemont se lance a una era nuclear del ‘procés’ o así, que es lo único que le falta después de superar todos los campeonatos coreanos de ridículo, locura, ceguera y batacazos, ese como Humor amarillo que ha ido haciendo él vestido de bolo.

Mientras las hormonas de Puigdemont se estabilizan, lo que vemos es que el independentismo se ha gripado. Es lo que parecía Roger Torrent, presidente del Parlament, entrevistado por Ferreras: alguien que se ha gripado y se ha quedado con cara de Vespa tirada. Ahí, con su institucional lacito amarillo como una pegatina de Snoopy, unos faros descolocados en los ojos y un pitido insistiendo en que “el único candidato es Puigdemont” y que será presidente cuando “haya garantías de una investidura efectiva”.

¿Que cómo van a conseguirlo? Pregúntenle eso a una piedra. Ni hipocresía, ni bajonazo, ni catarsis. Puigdemont ya es incomprensible como los endemoniados. Pero sabe que está condenado. Y no habrá Plan Moncloa, que significaría la rendición del Estado de Derecho y el fin del PP. Los que aún conservan la cabeza pondrán otro candidato y los secesionistas seguirán su plan de ocupación desde el posibilismo. Y recordaremos a Puigdemont como a aquel demonio de Tasmania de los dibujitos de la Warner.

Luis Miguel Fuentes ( El Mundo )