EL ECLIPSE DE BARCELONA

francoco

EL ECLIPSE DE BARCELONA

Hemos pasado los días más fríos de febrero, “mes cojo, roto, al que le falta un pedazo”, según Camilo. En el almanaque del jardín observo que ha florecido el árbol de la mimosa, que llaman sol de invierno. Cuando asomaban esas florecillas suaves y olorosas en Roma, reventaban las Lupercales. Los esclavos se disfrazaban de patricios, incluso en la alcoba, y el poder pasaba a la plebe, que mataba una cabra y un perro en la gruta donde Rómulo y Remo fueron amamantados por la loba.

Luego, las Lupercales se transformaron en carnavales, donde lo esencial era la máscara y el desmadre. Comparsas, Doña Cuaresma, Don Carnal, las burlas, los disfraces. El carnaval era un auto sacramental obsceno en el Siglo de Oro y en la picaresca. En El buscón, el zagal es nombrado rey de los gallos, cabalga en un caballo con el cuello más largo que un camello y corta el gaznate a un animal colgado.

El carnaval sigue siendo una postal de la España negra que pintan Goya y Solana. Se hizo municipal, hortera y espeso en los bandos de Tierno, que advertía de que “con ocasión de las fiestas, no faltan quienes, con más osadía que vergüenza, se dan roces, tientos, tocamientos y sobos”.

En Cataluña también vivieron y viven el estrépito de los carnestoltes, fiestas apasionantes en Tarragona, Sitges, Rosas, en un año desdichado. Los que atracaron al Estado cuando pensaron que era una sardina, se ponen ahora la careta de mártires. Quieren convertir una deslealtad en una epopeya. Insisten en los embustes. No se han enterado de que su suerte ya depende de jueces, que tienen que ser inexorables. “No saben lo que es el Tribunal Supremo y siguen pensando que su futuro está en manos de los políticos”, me dice un catedrático de Derecho Constitucional.

Se disfrazan con caretas equivocadas. En Sant Vicenç dels Horts, pueblo de Oriol Junqueras, apenas mil personas insistieron en lo de “presos políticos”. Estaban las estrellas de la revuelta: Marta RoviraForcadellRomeva y Roger Torrent, que va embalado hacia el desastre. “El Estado actúa de manera vengativa”, dijeron. Y no es cierto. El Estado democrático ha restablecido la ley sin disparar un tiro. Vuelven al “¡Segad a ras!/ Segad a ras/ que la paja va cara“, a una guerra del siglo XVII y a las represiones posteriores, en la España y la Europa de ahora, la de los Derechos Humanos.

Aquella Barcelona que describen como “una ciudad llena de letras, ingenio y hermosura”, “flor de las bellas ciudades del mundo”, está llegando con el nacionalismo a un total abatimiento. Han provocado un eclipse en su historia.

Raúl del Pozo ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor