EL FIN DE CAMPANYS

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EL FIN DE CAMPANYS

Tras la guerra incivil, el dictador Francisco Franco solicitó de la Gestapo la detención y extradición de Luis Companys, refugiado en La Baule-les-Pins, pueblo de la Francia ocupada por la wehrmacht de Hitler. Tras una pantomima de juicio, el caudillo cometió la atrocidad de fusilar a Companys el 15 de octubre de 1940 en el foso Santa Eulalia del Castillo de Montjuic.

El despropósito franquista nada tiene que ver con la peripecia real de Luis Companys. La Justicia de la II República Española le condenó a 30 años de cárcel. La posverdad se ha ocupado de enmascarar la realidad de lo que ocurrió y de que solo se hable del fusilamiento que firmó el dictador Franco.

Companys no proclamó la independencia de Cataluña, como han hecho el expresidente felón Carlos Puigdemont, el esquivo Oriol Junqueras y la taimada Carmen Forcadell. Lo que proclamó el 6 de octubre de 1934 fue el “Estado catalán dentro de la República Federal española”. Fulminante reacción en Madrid del Gobierno de la nación. El presidente, Alejandro Lerroux, hombre de la izquierda radical y caracterizado por un antimilitarismo visceral, suspendió de forma total la Autonomía de Cataluña, declaró el Estado de guerra y ordenó al general Batet que ocupara la Generalidad y detuviera al Govern.

El militar cumplió las órdenes recibidas, cañoneó el edificio de la Generalidad, produjo varias docenas de muertos y centenares de heridos y encarceló a Luis Companys y a todo su Gobierno, salvo al consejero de Gobernación, Josep Dencás, que, al mejor estilo Puigdemont, se escapó valerosamente por las alcantarillas de la plaza de San Jaime.

El 31 de mayo de 1935, la Justicia de la II República condenó a Companys y sus cómplices a 30 años de prisión y permanente inhabilitación. Esta es la verdad, la pura verdad, la sola verdad. El artículo 155 de la actual Constitución Española está a cien años luz de la contundencia con que actuó, primero el Gobierno, presidido por Lerroux, y después la Justicia de la II República Española. Tras su «victoria» de 1936, el Frente Popular decretó una amnistía de la que se benefició Companys. Entrecomillo “victoria” porque Manuel Álvarez Tardío, en un libro incuestionable, ha demostrado el pucherazo que permitió el triunfo frentepopulista en aquellas elecciones, la trampa que condicionó 50 escaños y que alteró gravemente el desarrollo de la Historia de España.

Luis María Anson ( El Mundo )

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