El fin de la palabra

irko

El fin de la palabra.

Esta pantomima ridícula, este juego de sombras chinescas, este estrambote al que estamos asistiendo en política, me da mucha vergüenza. Los representantes de los pueblos son como sus pueblos. De ellos nacen y desde ellos ascienden al poder. Grecia ha padecido a Varufakis porque es, en buena medida, como él. Es el origen de sus trampas financieras o de su convicción de que todo era negociable en la Unión, de que la ley es papel mojado.

El ministro de finanzas griego aparecía en camisa ceñida en Bruselas, como defensor de los pobres, y luego salía en las revistas francesas posando con su mujer rica en el palacete frente al Partenón. Un hipócrita. Los nuestros, nuestros políticos, son embusteros. Es hora de plantearse por qué mentimos tanto y si realmente compensa patear la verdad.

Cristina López Schlichting ( La Razón )

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*