El fuego y los políticos

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El fuego y los políticos

Por fin me llegó el mensaje de que entre cinco tractores y con la ayuda de un avión y un helicóptero habían conseguido apagarlo, que menos una parcela al lado de la fuente del Tejar todo lo demás ya estaba cosechado y que habían logrado que el fuego no se metiera al monte. Yo entonces seguí en la radio hablando de que si ha dicho el Rivera aquello y que no se sabe donde está Sánchez.

Y así seguiremos un día y otro, y semanas y vaya usted a saber si no nos dobla agosto y estamos con parecidas. Pero lo que pensé cuando me llegó el mensaje de mi primo labrador es que si él y los otros que acudieron a escape con los tractores se hubieran puesto a hacer lo que llevan estos políticos nuestros, el fuego se hubiera llevado por delante todo Henarejos, y el Tallar, y la Alcarria y el Chaparral y vete tu a saber si no estaba a estas horas llegando al río Dulce. Pero como entre cinco tractores, saber de campo y de cómo hacer frente a un incendio y con el apoyo del avión y el helicóptero que llegaron a tiempo y también saben como hacer las cosas y las hacen, se apagó ese fuego ni siquiera será noticia pequeña. Para eso al menos deben quemarse 300 hectáreas como en Uceda. Todos los demás, los que llevan apagados desde Albacete a Cuenca, aunque alguno ya hecho mucho daño, no merecen ni una línea. Porque parece que cuando la gente hace lo que debe y como debe no es noticia.

No voy a ponerme melancólico porque lo que comparto cada vez más con el paisanaje es un cabreo que no saben algunos hasta donde llegan y por donde se pueden meter las declaraciones. El hartazgo está alcanzando proporciones de incendio. Vamos, que no se han enterado pero alguno huele a socarrina que se mata, por mucho que se perfume con palabrería.

España, “estepais” que dicen tantos de ellos, los españoles, y las españolas, que gustan de pespuntear para hacer el feminibobo, están a cada día que pasa y a cada grado que sube el termómetro a punto del estallido de los mercurios. El aguante empieza a tener ya límite y esta si que es la verdadera línea roja de nuestro sistema democrático. ¿Acaso son incapaces de darse cuenta de que se están llevando con su pamemas el sistema entero por delante? Y que no se salva nadie de la quema, ni los antisistema que han pasado de indignados a indignaditos de oficio.

Las gentes, el personal de a pie, los del común del trabajo, y del paro sino tienen, los que se sientan en la silla de su casa y no en escaño, los que no les queda más remedio que oírles – y oírnos, que a uno le empieza a dar su vergüenza- la monserga ya mil veces repetida desde hace no se cuantos meses están que no tienen ya un pase. Y la palabra inútiles que se les escapa entre dientes empieza a adquirir el peor de los significados.

En fin, lo del incendio en mi pueblo acabó en un susto y algún daño reparable. Con otros no habrá tanta suerte, pero se luchará contra ellos, gentes que no serán noticia si no les alcanza la desgracia grande, y harán lo que deben y saben. Pero estos que hemos votado para hacer el trabajo por el que les pagamos parecen querer demostrarnos que ni saben ni quieren. Que eso es lo malo, que empezamos a pensar que a lo mejor si saben pero que no quieren porque todos nosotros les importamos menos que un rábano y que cuando dicen interés general se refieren única y exclusivamente al de su propio y aposentado culo.

Antonio Pérez Henares

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