El hijo puta de las hostias

ostiask

Cuando una sociedad no tiene claro el límite de la libertad se vuelve imbécil. Porque la libertad, las libertades, puede tener límite. Lo estamos viendo estos días en Bélgica, en nombre de un bien superior. Yo tendré toda la libertad del mundo pero si me propaso con una mujer, no digamos si es una menor, me meten, o deberían hacerlo, en chirona. Pero eso, debemos tener claro que la libertad tiene límites en nombre de un bien superior, la seguridad en los últimos tiempos, o la lógica. La lógica implica que si silbar un himno, incluso delante del jefe del Estado, es un ejercicio de libertad también debe serlo silbar o abuchear otro himno. Aunque antes de todo ello estaría la libertad de cada uno para respetar a los demás y entender hasta donde llegan los propios derechos y libertades.

La Iglesia católica se merece infinitas críticas. Y podríamos dar un largo curso universitario al respecto. Por lo mal que ha gestionado el tema de la pederastia en su seno, por ejemplo. Mal, muy mal. A los tribunales (de justicia) y a las tribunas (de la prensa), con ellos. Aunque ya de paso y por aquello del equilibrio, de la sensatez, de la justicia y de la verdad también deberíamos hablar de la contribución de la Iglesia a las artes musicales, escultóricas y arquitectónicas, por ejemplo. O a la paz mundial. O a la justicia con sus centenares de consagrados que pasan de nosotros, nuestras cuitas sociales, nuestro dinero y nuestra comodidad y se van, pongamos, a Liberia a luchar contra el hambre, la ignorancia y la enfermedad. Hay miles de curas y monjas, y seglares que los acompañan, en esta labor que yo, en mi casa, con mi confort y con mi sueldo, no tengo los santos cojones de llevar a cabo.

http://blogs.periodistadigital.com/pedrodehoyos.php/2015/11/23/el-hijoputa-de-las-hostias

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