El lenguaje de los jueces

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El lenguaje de los jueces.

Los jueces y fiscales por lo general – salvo los más toscos y lerdos, que de todo hay en ese mundo en el que se absuelve o se condena con la palabra escrita – tienen alma de poetas, y algunos de ellos se esmeran en explicar con palabras bellas o metáforas originales los hechos que han juzgado y las razones de su decisión,a la hora de escribir sus sentencias .
En el fondo tienen vocación didáctica porque entienden que su oficio implica explicarse bien para que todo el mundo les entienda.
Algo así ha debido pensar la fiscal Marisa Morando al oponerse al recurso de la portavoz del Ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre, contra la condena por la protesta feminista en la capilla de la Universidad Complutense en 2011.
“Es obvio – ha dicho por escrito – que las señoritas están en su derecho de alardear de ser putas, libres, bolleras o lo que quieran ser, pero esa conducta realizada en el Altar, espacio sagrado para los católicos al encontrarse allí el Sagrario, lugar donde según sus creencias se encuentra Dios, implica un ánimo evidente de ofender”.
Esta descripción de los hechos puede considerarse un exabrupto para algunos y una licencia literaria o libertaria para otros, porque el lenguaje es un instrumento de comunicación que nos ofrece un amplio abanico de opciones para explicar con claridad lo que queremos decir.
El escándalo está servido, pero éste, como todos los escándalos, se alimenta con la reacción de quienes se la cogen con papel de fumar, que no ha sido precisamente la concejala madrileña la cual, elegantemente, ha respondido que “el nivel de los comentarios dice más de quien los escribe que de quien está tratando de hablar”.
Yo mismo he dudado en escribir este artículo en los términos en los que lo estoy haciendo, pero al final he vuelto a la senda de mi primer impulso porque en España hay demasiadas hogueras encendidas para quemar a cualquiera que utilice el castellano para describir situaciones con las palabras que nos ofrece nuestro idioma. Sólo añadiré una cosa, por si alguien no se ha dado cuenta.
Las palabras “putas” y “bolleras” utilizadas en un escrito por una fiscal – es decir, una mujer- nos mantienen en este nivel de debate, porque si se hubiese atrevido a expresarse por escrito de esa guisa un juez o un fiscal, evidentemente estaríamos haciendo un análisis distinto.
Diego Armario

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