¿ El nacionalismo es la guerra ?

principefelipe

Hollande y Merkel han dicho ante el Parlamento Europeo , en preenia de Felipe VI, que el nacionalismo es la guerra, y a estas horas no he leído ningún reproche de los aludidos, porque se estarán pensando una respuesta.

Me imagino a los equilibristas acomplejados que, por no mojarse en una opinión sobre las consecuencias nefastas que históricamente han tenido los nacionalismos en Europa, estarán pergeñando la típica frase de “ todos son nefastos, vengan de donde vengan, incluso los nacionalistas españoles, franceses o alemanes”.

Quienes así se expresan – y en aquí andamos sobrados de tontos oportunistas – se están refiriendo a que los que nos consideramos españoles somos también nacionalistas, con lo que para ser guay es preciso hablar de “este país” en vez referirnos a España por su nombre.

Pero como a los profesionales del equilibrio y la equidistancia hay que dejarles que sigan hablando hasta que se muerdan la lengua sin hacerles demasiado caso, no les prestaré ni un minuto más de mi atención en este texto porque prefiero referirme a los fanáticos y olvidarme de los tontos.

Los nacionalistas son sectarios, excluyentes, fanáticos y realmente peligrosos porque lo suyo, más que una ideología, es una religión pagana en la que existen los sumos sacerdotes y los sacrificios humanos incruentos – en tiempos de paz – con víctimas desafectas al dogma.

Yo creo que los nacionalismos son la guerra, porque históricamente lo han sido y porque para sobrevivir necesitan la uniformidad de pensamiento y la muerte civil de los que no piensan como ellos.

En democracia, aunque proclamen que son los más respetuosos de las libertades, en los territorios en los que gobiernan, la pluralidad es papel mojado porque existen ciudadanos de primera y de segunda, personajes ejemplares y tipos bajo sospecha, gente que habla sin miedo y personas que se expresan con preocupación.

El nacionalismo en la guerra también en tiempos de paz, porque su filosofía política consiste en dividir a la sociedad y hacer la convivencia irrespirable para quienes no aceptan y practican sus dogmas.

Por cierto, además de los nacionalistas están los equilibristas que son los tontos útiles que juegan al buenismo, y yo no sé si lo hacen por incultura política o por indecencia cívica.

Diego Armario

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