El obsceno rastro del dinero podemita

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El obsceno rastro del dinero “podemita”

Solo la sangre en la nieve deja un rastro más obsceno que el dinero. Y el rastro del dinero Podemita acaba siempre en Venezuela. Todas las huellas de los unos y los otros, por separado o en manada, acaban por llevarnos, y sin necesidad de ser un rastreador apache ni de tener el olfato de un sabueso, a la Caracas chavista. Desde allí parten siempre las pisadas que acaban, tras ir por diferentes sendas de siglas camufladas, por concluir en una madriguera, que se llame como se llame, resulta tener siempre en su interior a los mismos inquilinos.

La trocha más transitada, donde el trasiego de pezuñas ha hecho surco, es la del CEPS, ese invento de los “profesores” por el que se han acarreado hacia España y desde el año 2002 al 2012 nada menos que 3,7 millones de euros y que en 2013 y 2014 no solo no ha cesado sino que se ha incrementado con cifras que ya superan por año los 750.000 hasta completar un monto de 5,2 millones. Más que un pellizco que si se cuenta en las viejas pesetas se va por encima de los 860 millones.

No es dinero para Podemos, claman. Pero no pueden ocultar que ellos, sus actuales dirigentes, eran sus jefes y controladores. Lo eran y lo siguen siendo, Iglesias, Errejón, Montero (el amigo que le da las becas universitarias y le exime de ir por el curro), Monedero, Alegre, Bescansa, aunque ahora el líder carismático ya no ocupe el vértice, relevado unos segundos antes de inscribir el partido en el registro. Ahora amenazan con querellas a todo bicho viviente que relacione esos dineros con su financiación. Pues bueno, pero los dineros haberlos, haylos, venir han venido y ellos, los jefes podemitas y no otros, que son quienes los han recibido sabrán lo que han hecho con ellos y en que los han empleado.

Esa es la vereda grande, la que tiene muy sobada la piara jabalinera, pero luego los tránsitos personales, de uno en uno o en collera y por separado. Esta el de los colmillos más afilados, Monedero. El tiene otra trocha y otro encame, el que durante años ha tenido en el palacio de Miraflores y en las Suites del Centro Miranda. Gratis total en su vida de “casta bolivariana” y unos dineros personales que han ido incrementando sus cuentas corrientes con ese último ingreso por unos estudios fantasmas para una moneda ectoplásmica que ahora dice que va a presentar tras recibir la autorización, y podemos maliciarnos que las pruebas que hayan querido fabricarle.

Sin llegar a su rango, muy alto por su cercanía al comandante, Errejón, Bescansa y Alegre también disfrutaron de esa hospitalidad “solidaria” del régimen viviendo como pequeños sátrapas en la zona más lujosa y exclusiva de Caracas y gozando de todos los privilegios y prebendas que se les otorgaban. A Alegre por darle le dieron hasta un premio a lo grande de 150.000 dólares. Desde luego todo un premio y una pasta.

Que es lo que resulta tan obscenamente oloroso en su rastro y su pasado. Los apóstoles de los pobres, los que dividen el mundo en arriba y abajo, resulta que no han pasado calamidad alguna, que siempre han tenido el riñón cubierto y amparados los unos en los otros y siempre bien arropados en las mantas de esa otra casta, la universitaria española, donde se puede hacer huelga por becas mientras se troncha la propia y exclusiva de 1800 euros y dar grandes voces contra el “austericidio” mientras se cobran al año 75.000 euros como funcionario coptado para cúpula complutense que es de donde el otro Montero, Jesús tiene su inmejorable acomodo.

A los de Podemos les pone de los pelos que les hablen de la pasta. Debiera estar prohibido mentarles tal cosa a ellos. Solo ellos tienen el derecho, como grandes inquisidores, de colgar el sambenito y mandar a la hoguera a los otros. Ellos poseen bula popular revolucionaria y mentarles tal cosa provoca que de inmediato sus avisperos se desparramen por las redes. Pues pueden seguir zumbando todo lo furiosamente que quieran porque lo que tiene el dinero es que deja un rastro y un tufo que no hay forma de borrarlo. Y que en su caso, por un lado o por el otro, y por mucho que intenten tapar la huella, acaba siempre por llevarnos a Caracas.

Antonio Pérez Henares

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